NARRATIVA

Década de los 00

El orden del día

Ezequiel Pérez Plasencia

Hotel Madrid

Emilio González Déniz

El hombre encuadernado

Bruno Mesa

Mientras maduran las naranjas

Cecilia Domínguez Luis

La fiesta de los infiernos

Juan José Delgado

El fulgor del barranco

Juan Ignacio Royo

Las brujas de la isla del viento

Elsa López

El caso Sankara

Antonio Lozano

Quince días de noviembre

José Luis Correa

Campiro que

Víctor Álamo de la Rosa

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La década de la idiotez

La periodista Patricia Godes definió la década de 2000-2009 de “idiocracia”. La idiocracia según Godes está representada por idiotas e incompetentes que han ocupado puestos de alta responsabilidad, una tendencia me temo que se ha ido repitiendo a lo largo de lo que llevamos de siglo XXI. Un siglo, por lo que se observa, en el que técnicamente hemos dado saltos de gigantes aunque sentimental e intelectualmente hayamos retrocedido como los cangrejos.

 

La década se inició el 11 de septiembre con el atentado a las Torres Gemelas, en Nueva York. Un atentado que se emitió en directo y que dejó al mundo en vilo cuando el segundo avión se estrelló contra el otro rascacielos desmoronándose en una gigantesca nube de polvo que terminó por idiotizarnos –si seguimos a Godes– un poquito más de los que estábamos. 

Tras el 11-S, vino el 11-M y otras fechas trágicas que el terrorismo islámico fue desparramando por el mundo para reivindicar una causa que no puede ser reivindicable si está plagada de muertos y heridos. En medio de esta tormenta de sangre y fuego, de inseguridad y miedo, mucho miedo, estos diez años concluyeron con la elección de Barak Obama a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica lo que significó un destello de esperanza para los habitantes de un planeta que, por aquel entonces, poco o nada imaginaban que tras el primer presidente afroamericano en ocupar la Casa Blanca éste sería sustituido democráticamente por un multimillonario de pelo naranja. Pero eso es otra historia.

 

Un aviso a los navegantes:

 

Este artículo no pretende explorar ni desentrañar las claves que esconden cada uno de los títulos que hemos destacado de aquella década en Canarias sino servir de guía orientativa de un puñado de obras que, a su manera, han marcado el devenir literario del archipiélago que habito.

 

Intentar por eso comprimir diez años literariamente hablando en Canarias no deja de ser una tarea de titanes, de una complejidad retorcida aunque se puede asegurar que la narrativa con acento de aquí, con acento canario, se empapó también de la realidad de aquellos días volviéndose oscura aunque esa oscuridad se disfrazara de humor en otros casos.

 

La editorial Espasa publica en 2001 una de las primeras novelas correspondiente al ciclo narrativo de Isla Menor del escritor Víctor Álamo de la Rosa, Campiro que.  Esa misma década, pero en 2008, Álamo de la Rosa presentaba en Artemisa otro título perteneciente a este ciclo, Terramores.

 

 

Nos centraremos solo en Campiro que al entender que se trata de una de las novelas del escritor tinerfeño que han tenido mayor alcance internacional, y título como se ha dicho muy representativos del imaginario geográfico en el que ubicó gran parte de su producción hasta Isla Nada (2013), novela con la que finalizó las historias que se desarrolla en este territorio mítico.

 

Campiro que presenta a Campiro, un pescador que vive en la enigmática Isla Menor -trasunto de la isla canaria de El Hierro-, protagonista de un triángulo amoroso cuyos otros vértices son Celedonia Jesús y Hans Marcus Müll, un oficial del ejército alemán que custodia la peligrosa flota de submarinos que Hitler ha escondido en esa emblemática isla anclada en el Mar de las Calmas. En este libro se reúnen muchas de las constantes que componen este ciclo narrativo. Es decir, que además de amores imposibles cuenta con una intensa carga de erótica que se funde con la plasticidad volcánica del paisaje de Isla Menor.

En la década de la que nos ocupamos publicaron también libros autores canónicos de las letras canarias como Rafael Arozarena con Los ciegos de la media luna e Isaac de Vega con el ensayo Literatura y vivencia.

 

En Gran Canaria, el escritor Emilio González Déniz daba conocer un título fundamental en su producción y me atrevería a afirmar que de la literatura canaria, Hotel Madrid (2000), una deliciosa novela que pide a gritos su reedición y en la que narra  la estancia del cineasta John Huston en la capital de la isla durante la Navidad de 1955, reconocida  figuradamente en la novela como Palma de Bardinia.

 

 

Junto a Hotel Madrid destaca la publicación esa misma década de El orden del día (2008), la única novela del escritor tinerfeño Ezequiel Pérez Plasencia, periodista, corrector y gigantesco cuentista, género en el que se especializó y por el que obtuvo por uno de sus relatos, Decena de un cronopio, el premio Juan Rulfo.

 

 

El orden del día está basado en sus experiencias en los periódicos tinerfeños La Gaceta de Canarias y El Día y es un  libro tremendamente crítico con el periodismo que se hace en provincias y algunos de los ejemplares humanos que lo dirigían entonces y mucho me temo que ahora también. Personalmente y atendiendo a la totalidad de su, desafortunadamente, escasa obra, Ezequiel Pérez Plasencia ocupa con merecimiento uno de los puestos de honor de la narrativa que se escribe en Canarias no para Canarias sino el mundo entero.

 

Otra de las grandes novelas de este periodo fue El hombre encuadernado (2009), de Bruno Mesa, que escribe un relato que indaga en la grisácea existencia de Julio Balmesano, un tipo que padece el síndrome de la lectura compulsiva, una rara enfermedad mental que  los especialistas dividen en tres fases. La primera se caracteriza por un fervor irracional hacia los libros, la segunda se explica cuando el adicto empieza a relacionar cada suceso de su vida con los libros que ha leído y la última cuando el enfermo cree que la realidad es una novela de la que él es protagonista.

 

 

Ese mismo año, el mismo autor publicaría el libro de ensayos Argumentos en busca de autor.

 

Más conocida como poeta que como escritora, Cecilia Domínguez Luis, Premio Canarias de Literatura en 2015, presenta la novela  Mientras maduran las naranjas en 2009, primer título de lo que años más tarde se convertiría en trilogía con Y tú serás el río y el volumen Y mi madre dejó de tocar el piano, en la que la escritora recoge la memoria de su familia narrada a través de la mirada de una niña, una adolescente y una joven que comienza a tomar conciencia de sí misma.

 

 

Mientras maduran las naranjas se desarrolla en dos pueblos del norte de la isla de Tenerife, La Orotava y Los Silos y transcurre durante la postguerra. La protagonista tiene ocho años cuando descubre, entre otras tragedias heredadas de aquellos tiempos, el asesinato de su padre por las tropas rebeldes. Título esencial de lo que podría entenderse como novela de Canarias durante la Guerra Civil y la postguerra, el aliento de Mientras maduran las naranjas continúa vivo pese al paso de los años y describe muy bien –siempre desde la memoria– aquellos desgraciados días.

La Guerra Civil en Canarias es protagonista también de El fulgor del barranco (2008) de Juan Ignacio Royo, que describe a través de un personaje que vive en la calle los sucesos que precipitaron el golpe militar de julio de 1936 en la isla de Tenerife. Además de personajes ficticios se cruzan algunos reales como el mismo Francisco Franco, en aquel entonces Capitán General de Canarias, en un relato que sabe mantener el tono entre la comedia y el drama. La novela acierta también en la descripción de ambientes y destaca el importante papel que tuvieron en aquellos años las organizaciones anarquistas en las islas occidentales del archipiélago canario.

 

 

Notablemente influenciada por American Psycho (1991-1992), una novela del escritor Bret Easton Ellis, El futbolista asesino (2000) de Nicolás Melini nació con vocación de polemizar aunque dejando al margen esas intenciones la novela puede leerse como un curioso pero también fantasioso retrato de un futbolista de provincias que no está demasiado bien de la cabeza.

La novela se desarrolla en Santa Cruz de La Palma y sus alrededores y cuenta con momentos sobresalientes, en especial todos aquellos en los que Melini acentúa la recreación de atmósferas aunque, a mi juicio, el escritor se mueve mejor en el territorio del cuento. 

 

En la geografía turbulenta del género negro se publicaron en esa década algunos títulos claves como Quince días de noviembre (2002), de José Luis Correa, primera novela –de las once que lleva escritas hasta la fecha– de la serie protagonizada por el detective privado Ricardo Blanco, que regresó esa misma década con Muerte en abril (2003); Muerte de un violinista (2006) y Un rastro de sirena (2009).

 

 

El mismo año de la aparición de Quince días de noviembre, el llorado Antonio Lozano daba a conocer Harraga (2002), El caso Sankara (2006) y Preludio para una muerte (2006), esta última una novela en la que presenta al investigador José García Gago, que sería el protagonista de otros dos libros más con García Gago de protagonista. Antonio Lozano publicaría también en esta década otra novela negra y criminal fundamental en su notable bibliografía: Donde mueren los ríos (2008) y obtuvo con Las cenizas de Bagdad, el Premio Benito Pérez Armas de Novela 2007.

 

 

Luis León Barreto incursionaría también en el género con El crimen del contenedor (2005), novela que se inspira en un asesinato real cometido aquellos años en la capital gran canaria.

 

En esta misma década, concretamente en 2003, la escritora y poeta Isabel Medina publica una obra mayor, La hija de abril, una novela necesaria para conocer la Transición en las islas a través de los recuerdos de Maribel. La locura es, por otro lado, la gran protagonista de Las brujas de la isla del viento (2006) de la escritora y poeta Elsa López, nombrada en septiembre de 2020 Hija Adoptiva de La Palma y novela en la que narra la historia de un grupo de mujeres ingresadas en el centro psiquiátrico de una isla constantemente azotada por el viento.

 

 

Por último, y con temor de habernos dejado otros muchos títulos en el tintero, que nos disculpen los ausentes, Juan José Delgado recurre al carnaval para escribir una sátira de la sociedad isleña en la Fiesta de los infiernos (2002), donde propone una celebración en la que personas disfrazadas de nazis y otros de presos confunden realidad y ficción en una noche que debería estar entregada a los placeres.

 

 

Un año antes, en 2001, Sabas Martín había publicado una de sus novelas más ambiciosas La heredad, obra coral traducida a numerosos idiomas en la que se reúnen muchas de las constantes del escritor tinerfeño, creador de un territorio mítico, Nacaria, en el que transcurre gran parte de su narrativa.

 

LISTA

 

1.- El orden del día, Ezequiel Pérez Plasencia
2.- Hotel Madrid, Emilio González Déniz
3.- El hombre encuadernado, Bruno Mesa.
4.- Mientras maduran las naranjas, Cecilia Domínguez Luis
5.- La fiesta de los infiernos, Juan José Delgado
6.- El fulgor del barranco, Juan Ignacio Royo
7.- Las brujas de la isla del viento, Elsa López
8.- El caso Sankara, Antonio Lozano
9.- Quince días de noviembre, José Luis Correa
10.- Campiro que, Víctor Álamo de la Rosa

 

 

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Un comentario

  1. La orden del tigre (2003), J. J. Armas Marcelo.

    Nacaria (2003), Sabas Martin.

    Línea de naufragio (2003), Agustín Díaz Pacheco.

    Acuo: crónica de un autorretrato (2004), Alejandro Vera Barrios.

    A veces comprendemos algo (2005), Álvaro Marcos Arvelo.

    Los caminos de Creta (2006), Sinesio Domínguez Suria.

    Pálido adalid (2007), José Rivero Vivas.

    Ulat y otras ficciones (2007), Bruno Mesa.

    Los ciegos de la media luna (2008), Rafael Arozarena.

    Carta para una señorita griega (2009), Francisco León.

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