ARTES PLÁSTICAS

Década de los 70

Serie Aeroevasiones

María Belén Morales

Cuerpo III

Maribel Nazco

Retablo de Adeje

José Abad

Serie Cosmoarte

Pedro González

La Mujer Quemada

Lola Massieu

Serie En torno al fetichismo

Maud Bonneaud

Exposición Sobre la paz o Proyectos para una bandera

Fernando Álamo

La Palma nº 22

Cándido Camacho

Serie Afrocan

Martín Chirino

Serie Magmas

Toni Gallardo

Queremos tu opinión

Esta es la selección que han realizado nuestros colaboradores, pero ¿tienes algo que aportar? puedes hacerlo al final del texto.

Panorama artístico de los Setenta en Canarias

Se ha dicho en muchas ocasiones que en el devenir de los acontecimientos de un determinado periodo, resulta imposible establecer límites tajantes, pues nada cambia de un día para otro. Esta idea nos permite adelantar que al igual que ocurrió con otras décadas, la de los años setenta, se nos presenta conformada por autores que ya venían trabajando en años previos, y por otros jóvenes valores que seguirán haciéndolo en la siguiente bajo premisas diferentes. Sin embargo, no es menos cierto que tanto unos, como otros, van a participar de un escenario común, en el que tendrán lugar distintos hechos culturales y artísticos que confieren a esta etapa, una entidad exclusiva y una coherencia que no resulta difícil encontrar, sin necesidad de hacer grandes esfuerzos. En ese sentido, recordemos que la situación política, últimos años del régimen de Franco y su fallecimiento, determinaron un acusado débito político, y un anhelo de libertad cultural y expresiva que favorecen la dinamización del panorama. Son los años en los que surgen las galerías de arte, caso de Conca I en La Laguna, o Conca II, Balos I, Balos II y Vegueta en Las Palmas de Gran Canaria; y se editan revistas como Fablas, Guadalimar, Papeles invertidos y Tocador de arte, conformando un foro en el que se da buena cuenta de las exposiciones celebradas en las Islas, y en las que los críticos vierten sus opiniones. Por otra parte, salvo el caso del colectivo Contacto I, la necesidad de cohesionarse en grupos, como había ocurrido en la década anterior, no parece preocupar a los artistas, quienes actuarán desde posicionamientos individualistas, pero eso sí, todos con un común compromiso: la investigación formal, técnica y temática.

 

María Belén Morales (Santa Cruz de Tenerife,1928-2017) es una de las artistas que hemos elegido para ilustrar este periodo, que a decir de los críticos, se corresponde con su madurez creativa, momento en el que experimenta con diversos materiales, hierro, cobre, aluminio y madera, combinados en ocasiones con acrílicos. Sin dejar del todo sus figuraciones, inicia una línea que revela la fascinación que siente por el mundo espacial. La serie, trabajada entre 1971 y 1976, lleva por título Aeroevasiones, un sutil juego de palabras con el que además, expresa de forma poética, la necesidad de huir que en esos momentos acompañaba a muchos creadores. El uso de materiales industriales, planchas de aluminio recortadas y rematadas con grandes pernos, emulando el fuselaje de los aviones, le permite sugerir aerodinámicos artilugios, máquinas que simulan invitar al espectador a un viaje que quizá no tenga retorno.

 

 

El aluminio fue también uno de los metales elegidos por Maribel Nazco (Los Llanos de Aridane, La Palma, 1938) para materializar una producción muy personal, realizada a base del ensamblaje de chapas, también de latón, cinc galvanizado, o hierro, que reúne a modo de collage, resaltando los puntos de unión, como si de cicatrices de un cuerpo se tratara. Si al principio de la década sus metales parecen dibujar entes rotos suturados, posteriormente sintetiza la textura, exhibiendo las superficies sin oxidaciones, una vez que las ha sometido a sales y ácidos corrosivos, culminando el proceso con una minuciosa limpieza y un detenido pulimento que favorece la incidencia de matices lumínicos. Con esta técnica, sus piezas, como ocurre en Cuerpo III (1978), derivan hacia formas orgánicas, figuras que se engarzan unas a otras, trasmitiendo sensualidad y una acusada  tensión erótica.

 

 

 

Los desechos industriales son también significativos en la producción escultórica de José Abad (La Laguna, Tenerife, 1942), quien durante la primera mitad de la década persiste en sus estructuras prismáticas, concentrando la carga simbólica en la ambivalencia que genera la dialéctica de tensiones. La alteración del orden preestablecido y la asociación de objetos discordantes marcarán pronto un nuevo itinerario que se extiende hasta los primeros años de los ochenta. Lo emprende incorporando aves disecadas a las que asocia hallazgos espontáneos relacionados con sus vivencias. Surgen así oníricos altares lignarios de similar formato y proporción, de los que penden aves, restos de imágenes religiosas, espejos e irreconocibles objetos con los que rinde, al igual que hizo con Retablo de Adeje (1979), su particular Homenaje al Barroco. El tratamiento pictórico en negro confiere unidad a los dispersos elementos.  

 

 

 

El negro es el color que también predomina en los retratos que surgen en la obra de Pedro González (La Laguna, Tenerife, 1927-2016), una vez que deja de lado las evasiones espaciales que alentaron la serie Cosmoarte. Sin embargo, no son representaciones de individuos concretos sino alegorías de la condición humana, que aborda desde la reinterpretación de una estética que debe mucho también al Barroco español. Se trata de una propuesta neofigurativa en la que se reducen los efectos matéricos, al eliminar el espesor de las pinceladas. La mancha, los colores oscuros, con predominio del negro y la luz, son los códigos referenciales de unas composiciones equilibradas que paradójicamente parecen estar a punto de disgregarse. Son obras herméticas, introspectivas, que no dejan impasible al espectador, obligándole a mantener una actitud reflexiva sobre el momento histórico y la condición humana. 

 

 

 

Vivencias cotidianas y emociones intrínsecas afloran en gran parte de los trabajos que, por esos años, emprende nuestra incansable Lola Massieu (Las Palmas de Gran Canaria, 1921-2007). Siempre fiel a su carácter reivindicativo, ahora focaliza su denuncia en la desigualdad social que sufren las mujeres, y que ella se niega a aceptar. La Mujer Quemada (1974) da buena cuenta del cariz íntimo que adopta esta poética producción, realizada sobre madera con la técnica de la decalcomanía, a la que aporta densidad matérica mediante resinas mezcladas con óleos. La desgarrada textura con la que esboza insólitos esqueletos favorece un inquietante resultado, un latente desasosiego acentuado por la sensación que tiene el espectador de ser vigilado. A partir de 1977, su catálogo retoma la figuración, registrando una galería de retratos históricos, distribuidos en dos series, una con esa temática y otra aludiendo a los Jinetes del Apocalipsis.

 

 

 

Otra mujer, Maud Bonneaud (Limoges, Francia, 1921-Madrid, 1991), convencida de que la dignidad de sus esmaltes era equiparable a la de las grandes piezas artísticas, intenta con ellos eliminar las barreras entre oficio y arte. Casada en primeras nupcias con Óscar Domínguez y después con Eduardo Westerdahl, su relación con Canarias fue consecuentemente intensa. Sin perder el contacto con artistas de la talla de Kandisky o Picasso, Maud se integró de inmediato en la vida artística de las islas. De espíritu surrealista, amante del juego, el humor y el azar, sus esmaltes seducen por la luz y el cromatismo, pero su gran aportación fue aumentar el tamaño de las piezas a base de puzles más pequeños. En 1972 expone, bajo el título En torno al fetichismo, en la Galería Skira de Madrid, una serie en la que aborda el pudor, el gusto por el erotismo y la sexualidad, desde una perspectiva onírica, no exenta de crítica y humor. 

 

 

 

La crítica al sistema político resulta evidente en la producción que, en la primera mitad de los setenta, emprende un joven Fernando Álamo (Santa Cruz de Tenerife, 1952). El castillo de Paso Alto, de su ciudad natal, utilizado durante la Guerra Civil como prisión, resultó ser, en 1972, el escenario perfecto para rendir memoria a todos los que sufrieron opresión. Recurre a una instalación que conjuga sus predilecciones, la pintura y la escenografía, exhibiendo sus trabajos iluminados por lámparas de aceite y ambientados con sones de órgano. El carácter subversivo de la novedosa propuesta determinó su cese por la policía. No obstante, la temática de sus obras, el dolor, la sumisión, el obligado silencio resurge en manos atadas y rostros de desmesuradas facciones, recreados en tonalidades ocres y negro fondo, con óleos sobre tabla, que expone el año siguiente en la Sala Conca de La Laguna, bajo el título Sobre la paz o Proyectos para una bandera.

 

 

 

Otro joven, Cándido Camacho (Tazacorte, La Palma, 1951- Jaén, 1992) emerge en el escenario artístico ahondando en argumentos sexuales de resabios surrealistas, una visión que alía erotismo, vida y muerte, materializados a través de las zonas erógenas del cuerpo, definitivo santuario en el que se consuma la asociación perfecta que alienta el deseo y el dolor. Recurriendo al surrealismo vegetal, incorpora en sus obras iconos relevantes como la figura de San Sebastián asaetado o la de Marlen Dietrich, en sensuales posturas y desecha belleza. En La Palma nº 22 (1976), la muerte late junto al sexo en una visión que sintetiza lo decadente y lo marginal, una temática que preside la exposición que celebró en la Sala Conca de La Laguna en 1976, donde el retrato de la actriz está a punto de desvanecerse, pudriéndose por numerosas pústulas de las que brotan cucarachas disecadas.

 

 

 

El nacionalismo de inspiración marxista impulsó la formación del colectivo Contacto I integrado entre otros, por Leopoldo Emperador, Juan José Gil, Juan Luis Alzola, Juan Hernández y Toni Gallardo, que da a conocer su ideología política y social a través del Manifiesto del Hierro (1976), texto conjunto en el que, no obstante, tuvieron mucho que ver el crítico Manuel Padorno y Martín Chirino. Se aboga por la recuperación de signos identitarios canarios y, fue precisamente Chirino (Las Palmas de Gran Canaria, 1925- Madrid, 2019), quien mejor consolidó esta línea, con su difundida espiral, enigmático icono universal, recreado también por los aborígenes isleños. Afrocán (1976-78) es la serie con la que entonces expresó la africanidad del Archipiélago, argumento defendido también por el colectivo. Su interés por la cultura del vecino continente fue tal, que en estas piezas aparentemente signadas por la espiral, se presiente la estética propia de las máscaras negras.

 

 

 

Coherente con dicho Manifiesto y con la ideología política que lo había impulsado se mostró la producción escultórica de Toni Gallardo (Las Palmas de Gran Canaria, 1929-1996). Recorre la isla natal, deteniéndose en parajes de abrupta orografía, para seleccionar callaos, cantos rodados y torrentes de  lava petrificada, materias en las que interviene con leves incisiones que conectan con las grafías que los aborígenes grancanarios dejaron en las piedras del barranco de Balos. Entre 1979 y 1980 realiza la serie Magmas, formada por exuberantes y sugerentes masas de roca dura volcánica con las que además evoca el origen y la misteriosa fisonomía del entorno insular. La influencia de su pasado constructivista se hace notar en los incisos y rígidos cortes con los que perfora la piedra, originando marcados contrastes entre las protuberancias  externas de perfil sinuoso, y la superficie lisa, casi resbaladiza del interior.

 

 

 

Obras

  1. Serie Aeroevasiones (1971-1976), de María Belén Morales
  2. Cuerpo III (1978), de Maribel Nazco
  3. Retablo de Adeje (1979), José Abad
  4. Serie Cosmoarte, de Pedro González
  5. La Mujer Quemada (1974), Lola Massieu
  6. Serie En torno al fetichismo Maud Bonneaud
  7. Exposición Sobre la paz o Proyectos para una bandera, Fernando Álamo
  8. La Palma nº 22 (1976), Cándido Camacho
  9. Serie Afrocan (1976-78), Martín Chirino
  10. Serie Magmas (1979), Toni Gallardo

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4 comentarios

  1. Creo que Cesar Manrique, tendría que estar por su obra espacial: incluye diseño arquitectónico, intervención en el medio, escultura y pintura. Comienza en los 60 y realizará obras hasta el 92.
    Obras en Tenerife, Gomera, Hierro y por supuesto en Lanzarote. Además de en otros lugares fuera de Canarias.

    1. Hola Gueli, muchas gracias por participar, y por tu pertinente aportación, OJEART solicitó a los colaboradores el complejo ejercicio de seleccionar tan solo 10 obras de una década, con el objetivo de animar a que la gente participe y haga aportaciones, como la tuya. El criterio que le propusimos a los autores es que eligieran obras, es por ello que te animo a que nos propongas alguna obra u obras de Manrique que podamos incorporar, un cuadro y/o una escultura, señalando la década, y si además explicas un poco por qué has elegido especialmente esa mucho mejor. Por ahora estamos recogiendo las aportaciones, publicándolas en este foro, y analizando la manera de darle visibilidad dentro de la lógica de la web. Muchas gracias de nuevo por tu aportación.

  2. Creo que se está entremezclando los 70 con los 60, y, si en el encabezamiento se dice que es de los 70, entiendo que se debe destacar a quienes lideraron los 70, no a quienes venían de una década anterior, destacados, es cierto, aunque tambien falten otros-as, pero no pertenecientes a los 70
    No se pueden plantear los 70 en Canarias, si en es selección no está Gonzalo González, y se puede citar lguno-a más, como Juan Bordes, y algún-a otro-a, pero esa ausencia no es posible si se quiere hablar de los 70 en Canarias.

  3. Me han pedido que participe, con mi opinión, sobre esta iniciativa, pero no me apetece ninguna polémica, con gente colega, e incluso amiga, en algún caso.
    De modo que solo añadiré otro dato, que acabo de observar.
    ¿De verdad que Pedro Garhel no tiene ninguna cabida en el arte de Canarias, en los 70?, ¿y tampoco en el de los 80?, ¿ni en el de los últimos 40 años?
    ¿Es la Docunental de Kassel una de las citas más prestigiosas del arte, a nivel mundial?, ¿o a lo mejor no lo es, seguro? ¿Y hay cuarenta artistas de Canarias, que han sido invitado@s a intervenir, o participar en Kassel? Pedro Garhel, sí.
    Además de ser su Espacio P, en Madrid, un referente del arte, más innovador y renovador, no a nivel autonómico, no, a nivel nacional.
    Mucha suerte a tod@s

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