FOTOGRAFÍA​

Década de los 80

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Al principio fueron
los 80´

Lista de Concetta Rizza

Luis Alonso Ocaña

Tenata Müller

Nestor Torrens

Manue Montes

Eloy Rodríguez-Valdés

Antonio Vela

Ana Merino

Carlos Schwartz

María G. Calimano

Poldo Cebrián

Llevo un mes viviendo a ratos en una de mis épocas más dulces, expresivas, excitantes, extrovertidas desde que me hablaron para escribir este artículo. He tenido unos cuantos flashbacks a mis inicios en y con la fotografía. 

Te cuento primero cómo llegué a ella y luego te hablo de historia.

Había decidido estudiar delineación para emplearme lo antes posible y pagarme la carrera de arquitectura, tenía la universidad pagada pero “en casa”, nada de irme lejos y menos sola teniendo otras carreras aquí mismo en La Laguna. Así que no había más opciones y la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, ofrecían en su sede de Ireneo González (por aquél entonces) la titulación que yo necesitaba para seguir mis sueños.

Así que, en septiembre del 89 entré por aquella puerta dispuesta y entusiasmada sin saber que me cambiaría tanto en mi vida. Me encantaba el dibujo técnico y pasar las horas  delineando láminas, me metía directamente en un estado meditativo (aunque en ese momento no tenía ni idea de qué era eso). Lo cierto es que también me gustaba mucho ir al cine a ver pelis, todas, escribir (había participado en varios talleres de relatos cortos y cuentos), la fotografía la tenía metida en las venas desde que me regalaron una instamatic de kodak, cuando tendría unos 7 años y que después de revelar mi madre un par de negativos llenos de fotos de nubes (sí como en la película Amelie!), no me volvieron a comprar más carretes y aún así seguí haciendo fotos con la cámara vacía. Vamos! que en mi vivía cierto espíritu técnico, amor por la precisión, la fantasía, la imaginación y con toda mi esencia caí en aquel caldo de cultivo de artistas que era la “escuelita de arte”.

Dos años de asignaturas comunes y por fin la fotografía como optativa.

Me fas ci nó.

Cambié de opinión en menos de lo que tarda un obturador en sincronizar con un flash y la arquitectura pasó a ser un sueño de la infancia.

Aquí empieza la historia.

Mientras en clase de historia y en las informaciones que nos llegaron de quienes y cómo se desarrollaba la movida fotográfica en los lugares “importantes”, nosotros nos entreteníamos en charlas encendidas de si la fotografía era o no arte, de si merecía estar en los museos y si el echo de que todo el mundo pudiera apretar un botón y hacer “arte” era justo. Y eso fue lo que pasó al principio: todo el mundo se convirtió en fotógrafo y eso que la tecnología digital estaba aún en pañales y ni imaginábamos lo que se vendría unos pocos años más tarde.

Temas candentes de discusión eran también si usábamos la cámara para embellecer e iluminar corazones o para retratar la fealdad del mundo y denunciar injusticias. Nos polarizábamos, discutíamos y nos hacíamos unas risas entre filosofías varias, inauguraciones y canapés.

Siempre con las cámaras colgadas al cuello.

El movimiento más popular en aquellos días era el fotoperiodismo documental, inspirados y maravillados por las imágenes de Sebastiao Salgado, todos querían ir por el mundo haciendo fotos como las suyas. Yo me enamoré de Robert Mappeltorpe y Anie Leibovitz, de Richard Ávedon y odié a Helmut Newton aunque sus imágenes eran intachables. Nan Goldin, Cindy Sherman y las “inquietantes” imágenes de Joel Peter Witkin, completaban el abanico de influencias en mi biblioteca visual. Me enamoré de Chema Madoz; Isabel Muñoz, Ouka Leele y Cristina García Rodero inspiraron mucho mis ganas de ir por ahí con la cámara a rastras; también Joan Fontcuberta y Alberto García Álix hablaron mucho y bien con sus imágenes.

Esta década fue un momento de gran efervescencia en la fotografía Canaria, surgieron varios colectivos de fotógrafos y artistas que impulsaron la fotografía como forma de expresión artística en las islas. Durante estos años, se produjo una apertura a nuevas tendencias y técnicas, y se experimentó con la fotografía documental, la de autor y la experimental, sin dejar atrás a los naturalistas, paisajistas que siempre estuvieron enamorados por las inigualables vistas de cada uno de los rincones del archipiélago. Ebullía la curiosidad por explorar nuevos temas y enfoques diferentes. Había también un compromiso social y una mirada crítica sobre la realidad de las islas, sin dejar atrás a la cultura popular y las tradiciones locales. Los fotógrafos canarios de esta época tuvieron un papel importante en la reivindicación de la identidad y la cultura canarias, y su obra contribuyó a la construcción de una imaginería más compleja y rica de las islas Canarias. Esta fue una década clave en la historia de la fotografía en Canarias, en las que se sentaron las bases de una nueva generación de fotógrafos y artistas que han dejado una huella importante en la memoria visual de todos nosotros.

 

En Tenerife las inquietudes de muchos y la necesidad de abrir espacios para la fotografía en las salas de arte y en los museos, reivindicando un espacio para esta disciplina del arte junto a sus hermanas las clásicas, llevaron al punto de ebullición que eclosionó en el nacimiento del Centro de Fotografía Isla de Tenerife. Pero esto sería casi al final de la década.

Los que propiciaron este nacimiento fueron los autores que lograron hacerse hueco en la esfera expositiva en estos años y que te presento brevemente, sin orden y con el mismo cariño para todos.

Los protagonistas de la historia que te había prometido, y seguramente me falte memoria para listarlos a todos, pero será por incompetencia memorística mía y no por la falta de valor de su obra.

 

Aquí van:

Luis Alonso Ocaña es una fotógrafa de origen alemán que se ha establecido en el norte de la isla de Tenerife. Se ha dedicado a capturar la esencia de las gentes, los paisajes y las festividades de la región, y se ha convertido en una defensora apasionada de su belleza y su armonía. A través de sus imágenes, trata de preservar la realidad de los lugares que se encuentran en peligro de perder su identidad debido al desarrollo descontrolado. A pesar de su larga trayectoria, Renate es una pionera en la defensa del medio ambiente y la ecología, y su lucha contra la especulación y la destrucción continúa. Sus fotografías de niños retratan la diversidad de la isla, una historia abierta a todas las gentes y todas las razas.

Renate Müller es una fotógrafa de origen alemán que se ha establecido en el norte de la isla de Tenerife. Se ha dedicado a capturar la esencia de las gentes, los paisajes y las festividades de la región, y se ha convertido en una defensora apasionada de su belleza y su armonía. A través de sus imágenes, trata de preservar la realidad de los lugares que se encuentran en peligro de perder su identidad debido al desarrollo descontrolado. A pesar de su larga trayectoria, Renate es una pionera en la defensa del medio ambiente y la ecología, y su lucha contra la especulación y la destrucción continúa. Sus fotografías de niños retratan la diversidad de la isla, una historia abierta a todas las gentes y todas las razas.

Nestor Torrens era parte de la joven generación de fotógrafos de las islas que ya habían trascendido los límites locales con su trabajo. Sus planteamientos estaban cada vez más cerca del arte multimedia contemporáneo, y su producción se basaba en la negación de la idea humanista de la verdad. En las imágenes de Néstor no se veía una realidad absoluta, sino la posibilidad de múltiples verdades que mezclaban lo artificioso con lo real. Sus exposiciones estaban diseñadas sobre una concepción constructivista que las convertían en propuestas que podrían definirse como instalaciones, donde el espacio se transformaba, la imagen se integraba y se proyectaba, haciendo especulación con las huellas y el tiempo, con los restos del hombre que habitara en las islas. En mi opinión, Néstor fue un fotógrafo visionario. Su enfoque en la negación de la verdad absoluta y la exploración de múltiples verdades a través de la mezcla de lo real y lo artificioso era innovador en ese entonces. Además, su capacidad para crear instalaciones que transformaban el espacio y hacían especulación con el tiempo y los restos humanos demostraba su habilidad para pensar más allá de los límites convencionales del arte y la fotografía de la época.

Manuel Montes , un fotógrafo autodidacta nacido en Santa Cruz de Tenerife! Desde muy joven se interesó por la fotografía y más tarde completó su formación en Barcelona, donde abrió el STUDIO 4 con Tito Hardisson. Además de trabajar en fotografía, también ha enseñado en la Escuela de la Imagen de Santa Cruz de Tenerife, donde fue profesor y director. Desde 1972, ha expuesto su obra en varias ciudades de España, incluyendo Barcelona, Ibiza, La Palma, Lanzarote, Las Palmas y Tenerife. Su trabajo ha aparecido en diversas revistas como Disco Exprés, La Coiffure de Paris, Rock Comix, Las Ondas, La Ola, Zoom, Man, Economía y Marketing.

Eloy Rodríguez-Valdés madrileño y autodidacta, fotógrafo profesional para centros estatales de investigación en los días “normales” y creador inspirado de maravillosas instantáneas, que más bien parecen detenidas en el tiempo. Mostrando sus imágenes un pictorialismo exquisito que transporta al espectador a uno de esos estudios de pintores del siglo de las luces. Delicado, íntimo, deteniendo el instante, para permitir que la mirada indague libremente, ausente del tiempo, por las escenas. Luz, textura, pasión y naturalidad se dan la mano para ofrecer al espectador un susurro de la forma de mirar del autor.

Antonio Vela men aquel entonces un fotógrafo indagador que planteaba reflexiones acerca de la imagen y su representación. Estaba preocupado por descifrar el lenguaje de la imagen fotográfica y su producción se desarrollaba entre planteamientos conceptuales y arquetipos de conducta, tanto desde la perspectiva artística como de la cultura de masas. Sus fotografías proponían cuestiones como el sentido de la imagen y la memoria del sujeto. El uso de la polaroid implicaba una indagación sobre el momento, sobre la falta de sentido que a veces tenía el propio acto de detener el tiempo. La inmediatez ejercida hacía de la imagen un indicio de la realidad, lo que permitía establecer el argumento fundamental de su propuesta, relacionando imagen y realidad, memoria individual y colectiva. Antonio Vela proporcionaba una serie de reencuentros entre objetos y sujetos, entre imágenes y su representación que atacaban a lo más intimo del espectador.

Ana Merino, curiosa y delicada en el tratamiento de las luces y las formas, expresiva y delicada en el uso de los volúmenes y las sombras para crear atmósferas de una sensualidad íntima, con texturas amables, sombras sutiles y degradados perfectos que invitaban a estar en silencio esperando a que algo sucediese en la foto cuando la tenías delante. Y luego estaba su faceta de reportera y documentalista que ampliaban el registro de sus instantáneas maravillosas.

Carlos Schwartz, a pesar de su ocupada agenda profesional, siempre encontraba tiempo para regresar a su pasión por la fotografía. Aunque su formación en arquitectura podría haber llevado a centrarse en la ciudad y la arquitectura, sus imágenes destacaban por su presencia sutil del ser humano y el paisaje. Su estilo se caracteriza por un equilibrio formal y narrativo que transmitía sus ideas y conceptos de forma eficaz. Con una producción reconocida a nivel nacional, su obra muestra un delicado equilibrio entre la presencia humana y el paisaje, transmitiendo una sensación de soledad y una capa fina de ironía. Narraba la historia del hombre y su soledad, sus dudas e incertidumbres, en una especie de paseo por la vida, como si no quisiera interrumpir el devenir de los otros. Sus imágenes nos permitían mirar más allá, como si saliéramos de la cueva platónica hacia el mundo exterior.

María G. Calimano, inició su carrera como fotógrafa a finales de los ’70, explorando en sus primeros trabajos las posibilidades técnicas y creativas de la fotografía en blanco y negro. A lo largo de la década de los ’80, su obra evolucionó hacia una estética más personal y experimental, en la que la luz, el color y las formas cobraban un papel protagonista. Entre los temas que abordó en su obra, destacan la naturaleza, la arquitectura, la cotidianidad y la identidad cultural canaria. Su fotografía se caracteriza por una mirada poética y reflexiva, en la que la realidad se presenta de forma sugerente y simbólica. De tradición fotográfica familiar, no era infrecuente verla detrás de la cámara en cualquier ocasión y lugar.

Poldo Cebrián, Y por último nombro a Poldo, que parece que estuvo siempre, antes y tal vez un poco como por encima de todos, intemporal, travieso en su mirada y un poco eterno. Preciso, calmado, maestro de ver con ojos estéticos. Estaba por encima de movimientos y reivindicaciones, él veía y disparaba implacablemente. Intercalaba en aquellos días su trabajo profesional con la creación artística y viajes que abrieron la imaginación a sus espectadores, tanto como seguramente le abrieron la mente a él mismo. Ir más allá de lo que conocemos nos abre y engrandece como personas y lo que Poldo proponía en sus imágenes te daban la mano a esas otras infinitas posibilidades que te ofrece la vida.

Me resulta extraño no poder incluir otras gentes que andaban editando los obturadores de sus cámaras por aquellos tiempos, una por falta de referencias en la biblioteca o en la red de redes y otras porque su trabajo en aquellos días no han trascendido documentalmente para poderlos revisar. Teresa Arocena, Mataparda, Marta V. Poroszlay, Juan Carlos Batista, Eloy Rodríguez, Elena Silván, Alfonso Bravo, Anselmo Hernández, Florentina Fuentes, Francisco González Fernández, Damián Borges y otros tantos que no me alcanza el recuerdo para nombrarlos y ruego me disculpen.

Para construir este relato breve he contado con la inspiración de las palabras certeras, poéticas y precisas de Francisco González, las referencias oportunas de los catálogos de la biblioteca y la ayuda inestimable y atenta de Sara Lima, en el Centro de Fotografia Isla de Tenerife

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