NARRATIVA

Década de los 80

Conjuro en Ijuana

Isaac de Vega

La huida

Antonio Bermejo

Las espiritistas de Telde

Luis León Barreto

Cerveza de grano rojo

Rafael Arozarena

Nos dejaron el muerto

Víctor Ramírez

En el reducto

Juan Pedro Castañeda

Oscura relación

Luis Alemany

Estantigua

Juan José Delgado

Tubalcaín setenta veces siete

José Antonio Padrón

Basora

Dolores Campos-Herrero

Queremos tu opinión

Esta es la selección que han realizado nuestros colaboradores, pero ¿tienes algo que aportar? puedes hacerlo al final del texto.

Apuntes para una narrativa de los 80

Si hay algo que caracteriza a la llamada generación de los 80, aparte de su heterogeneidad es una desconexión con la generación anterior, un rechazo paulatino a lo experimental y un regreso al mundo de la intimidad.

Dicho esto, nunca me ha gustado hablar de generaciones, pues pienso que un escritor o escritora pertenece al momento en el que está escribiendo. Lo importante, al menos para mí, es la repercusión que esos textos tuvieron en sus lectores, en cuanto a su capacidad comunicativa, los espacio literarios y el poder de hacernos reflexionar sobre aquello que nos rodea, en una década, la de los 80, en la que los medios de comunicación y el mercado colaboran para convertir la novela en un producto de consumo. Y muchos escritores caen en la trampa. El resto son, prácticamente, ignorados.

MI selección está motivada, entre otras cosas porque los autores elegidos, con sus diferentes y particulares mundos, han tomado conciencia crñitica, desde el principio de su escritura, de que se hacía necesario un análisis de nuestra realidad, por encima de toda esa mercadotecnia que nos invade.

También debo aclarar que los libros elegidos han sido producto de su lectura en ese momento, por lo que hay libros que, publicados en esa década no llegaron a mí sino en fechas posteriores. Así sucedió con El Camarote de la memoria de Agustín Díaz Pacheco o con La mitad de un credo de Emilio González Déniz, que, pienso, deberían ser parte de esta lista, que ahora paso a escribir, por orden de aparición:


Conjuro en Ijuana – Isaac de Vega (Liminar 1980)

La huida– Antonio Bermejo ( Planas de Poesía 1981)

Las espiritistas de Telde -Luis León Barreto (Interinsular Canaria 1981)

Cerveza de grano rojo- Rafael Arozarena (Interinsular Canaria 1984)

Nos dejaron el muerto– Víctor Ramírez ( Islas Canarias 1984)

En el reducto– Juan Pedro Castañeda (CajaCanarias 1984)

Oscura relación – Luis Alemany – (Ayunt. Santa Cruz de Tenerife (1984)

Estantigua – Juan José Delgado ( Ayunt. Santa Cruz Tenerife 1988)

Tubalcaín setenta veces siete– José Antonio Padrón ( Orígenes/Alcandora 1989)

Basora – Dolores Campos-Herrero (Socaem 1989)


Aunque la lista está por orden de publicación, para comentarlos voy a seguir un orden diferente.


La elección de cuatro obras narrativas – dos novelas y dos libros de relatos- del grupo fetasiano se debe a que las considero obras fundamentales y no lo suficientemente conocidas ni valoradas- al menos en su momento- y que muestran una visión del mundo muy particular e inimitable ( el fetasianismo murió con el último de los fetasianos, Isaac de Vega)

Conjuro en Ijuana está compuesto por una serie de relatos, en los que el paisaje toma protagonismo, alrededor de unas historias en las que su autor, con una ironía, a veces amarga, se acerca a lo real, para decirnos que es ahí, en la realidad, donde podemos encontrar lo mítico, pero también la soledad y la incomunicación. Como dice Juan José Delgado: «La narrativa de Isaac de Vega pretende expresar la escisión de una conciencia y proyectarla al lector, sin explicaciones.»



La huida, de Antonio Bermejo, son relatos de hombre perdidos, cuyas tristes vidas son contadas con un lenguaje preciso, lleno de ironía triste- tristísima diría yo- y conmovedora. Un lenguaje con cuyas descripciones nos hace entrar en una sociedad de perdedores, en pensiones inmundas, y calles sórdidas, de tal manera que nos es imposible permanecer al margen de las historias.


Cerveza de grano rojo es la gran novela de Rafael Arozarena. En ella está su mundo y el mundo fetasiano, que es casi decir lo mismo.

Un universo que pendula entre lo real, lo surreal y lo mítico; de ahí su estructura novelística y la manipulación del lenguaje, sin que falten las referenciaas culturales y la ironía.

Como dice Manuel Torres Stinga en su prólogo «Sumergirse en la lectura de Cerveza de grano rojo es entrar en un mundo de símbolos donde el mar adquiere toda su dimensión mágica.»



Tubalcaín setenta veces siete es la única novela de José Antonio Padrón, el teórico de los fetasianos. Novela que tardó mucho en publicar y que,  no sé si por eso, pasó sin pena ni gloria.

Y sin embargo la novela es una gran mirada reflexiva al ambiente histórico, social y cultural de la isla de Tenerife, a lo largo del siglo XX en una novela que llamaría de “crecimiento”, en donde, sobre todo, se reflexiona sobre la condición humana.

De ella dijo Rafael Arozarena que rea una novela «completa, con una historia muy densa; una especie de Montaña Mágica”, y a mí, desde luego, me lo pareció.



Cuatro obras que me atraparon (ya lo había hecho Fetasa años atrás) porque me ofrecieron una visión insólita del mundo, donde la isla supone un lugar que se abre a lo infinito.

Vuelvo ahora al orden cronológico con Las espiritistas de Telde. Una novela que parte de un suceso real y terrible: la noticia de un extraño crimen ocurrido hace tiempo, y que le sirve de acicate a Luis León Barreto para fabular, investigar y escribir una gran novela en la que no solo se trata del crimen y sus circunstancias sino que da una visión crítica de la identidad insular, con un gran ritmo narrativo, que despierta la conciencia de quien la lee.



«Nos dejaron el muerto un sábado al mediodía» Así de impactante comienza la novela Nos dejaron el muerto de Víctor Ramírez, de tal manera que no podemos dejar de seguir leyendo.

Novela de marcada reivindicación del lenguaje canario, sobre todo en el entorno rural, la mirada de un niño que narra los sucesos y entrelaza la historia de los diferentes personajes, no impide la inclusión de escenas morbosas y tragicómicas , que nos remueven y nos hacen, inevitablemente, tomar partido.



En el reducto se habla de la soledad y de la huida (de lo urbano a lo rural) que no conduce a ninguna parte. Esta temática que ya habíamos visto en sus novelas anteriores, La despedida o Muerte de animales, se repite, pero aquí da un giro en la estructura y en el lenguaje, acercándose a una serie de recursos formales y técnicos que pertenecen al mundo del cine. De ahí que tanto los diálogos como las descripciones, toman tal expresividad que nos sentimos no solo lectores sino también espectadores de los sucesos.

En los años 80, muchos narradores, inclusos los que ya se habían adentrado en el mundo de la novela, optan por los relatos.

Así ocurre con Oscura relación, Estantigua y Basora

Oscura relación la constituyen cuatro relatos que oscilan entre el humor negro lo agresivo y lo humano-casi cordial.



La cercanía al teatro de su autor es evidente en estas historias que podría ser llevada a escena perfectamente. Sin embargo hay en ella una espacial contención que evitan caer en lo grotesco o lo esperpéntico, del tal forma que, cada una de las historias, por muy terrible que sea, se nos hace creíble.

Estantigua es la primera incursión en la narrativa de Juan José Delgado– al menos en publicación-. En estos relatos se ve una clara voluntad de ruptura, por lo que la anécdota pasa casi a segundo plano , para que seamos los lectores los que construyamos la propia versión de lo narrado.

Los relatos cuentan con una gran variedad de registros, en los que se mezcla el delirio, los sueños, los deseos y la realidad.


Dolores Campos Herrero lo tiene claro desde el primer momento: lo suyo son los relatos, sobre todo los cortos, y un excelente ejemplo de ello es Basora. En estos relatos como en lo que seguirán, la ciudad- que puede ser cualquier ciudad- es el lugar donde viven o intentan hacerlo, personas a punto del naufragio.

Cuentos urbanos con una mezcla acertadísima de ironía y ternura, y con un lenguaje cuidado de tal manera que no sobre ni falta nada en cada uno de los textos. De ahí que, desde el primer momento, el lector quiera continuar leyendo sus relatos hasta el final.


Domingo Pérez Minik decía que «Una sociedad humana no tiene conciencia de sí misma mientras no se estudie, critique o se ponga a prueba en la novela» Yo añadiría también en el relato. Y una prueba de ello la tenemos en las obras seleccionadas- y en otras más. de esta década de los 80


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