DANZA

Década de los 80

Queremos tu opinión

Esta es la selección que han realizado nuestros colaboradores, pero ¿tienes algo que aportar? puedes hacerlo al final del texto.

Los 80: de la tragedia de Godoy al despertar de los nuevos lenguajes

Lista de Esther Morales

Miguel Navarro

Anatol Yanowsky

Lorenzo Godoy y Leon Felder

Sergio Perdomo

Hortensia García Trujillo

Mónica Valenciano

Anatol Yanowski

Es habitual que la mente viaje a los años 80 bajo un prisma rupturista. Quizás, los culpables son los imaginarios de la época que han llegado hasta este tiempo, como La Movida que vivía Madrid, los atuendos imposibles del momento y la libertad que se empezaba a respirar en los círculos artísticos. 

Lo cierto es que a la danza de los 80 en Canarias todavía le quedaba mucho camino para evolucionar. O, al menos, para asemejarse con el panorama de cunas modernas como Alemania y Estados Unidos. En parte, por las dificultades a las que se han enfrentado siempre las artes escénicas para mejorar su situación en las Islas y, por otro lado, por un interés generalizado hacia lo académico que parecía resistirse a la transformación.

La reciente herencia cultural de la dictadura fue, de hecho, la causa de que convivieran los estilos más dispares durante la década. Por ejemplo, la danza española que llevaba con orgullo la agrupación de Trini Borrull desde 1950, los estilos experimentales que reivindicaban artífices como Gelu Barbu o Lorenzo Godoy, la celebración de la técnica clásica de Ballets de Tenerife o el interés por el jazz que maestros como Arnaldo Patterson y Tony Mitchell extendían por las Islas.  

Pero estos contrastes no eran más que el reflejo de una época en la que la creación, se tradujera de la manera que fuera, despertaba el interés de un público sediento de representación artística. Para muestra, la cartelera de los cines de entonces, que conquistaba a los amantes de la danza con producciones tan pasionales como Nijinsky, una historia verídica (Herbert Ross, 1980) o, por otro lado, con las peripecias de un grupo de artistas neoyorkinos en la cinta Fama (Alan Parker, 1980).  

El mito de Lorenzo Godoy 

La escena de la danza en Canarias durante los 80 no se podría entender sin una figura como el bailarín y coreógrafo Lorenzo Godoy. Su repentina muerte en 1984, achacada a una depresión que llevó al artista a ahorcarse en su propia escuela de danza, alimentó su mito y dejó huérfana a toda una generación de bailarines.

Imagen: danzalaspalmas

 

Godoy se correspondía con el arquetipo de artista imparable, en constante búsqueda por la verdad en la danza. Como Director del Ballet Contemporáneo de Las Palmas, su misión no solo se centraba en crear piezas que representaran su estilo, sino en investigar cómo aplicar las vanguardias dancísticas sobre el panorama de su compañía. Es más, era todo un divulgador de su arte y continuamente organizaba charlas sobre historia de la danza en el Club de la Prensa de Las Palmas de Gran Canaria, así como proyecciones de ballets, como Romeo y Julieta, La Bayadera o Giselle

Según figura en la hemeroteca, la prensa de la época también tendía a alimentar la rivalidad entre él y el que fuera su maestro, Gelu Barbu (sobre todo después de que Godoy abandonara la formación del coreógrafo rumano para crear la suya propia). “Trabajamos en dos líneas diferentes porque diferimos en el concepto de academicismo, que para mí es la base fundamental de la danza”, explicaba el bailarín durante una entrevista en El Eco de Canarias de 1980. Y aclaraba que “no hay arte sin técnica y es necesario adquirir unos conocimientos previos e imprescindibles”.

Sin embargo, los principios artísticos de Gelu Barbu eran muy diferentes. “No busco una estética pura, sino el movimiento limpio y sincero sin ninguna carga inútil, dejando libertad al sentimiento bruto entre el hombre y su pareja”, comentaba el creador en la publicación Ciudad de Canaria. De hecho, sobre él, también el periodista Antonio Puente escribió en el diario La Provincia, en 1981, “Gelu Barbu tiene una zapatilla en sepia y otra en technicolor: fue clásico como bailarín y más bien contemporáneo como coreógrafo”.

 

Nueva York, el ideal hacia el que mirar

Pero no es que Barbu fuera hacia terrenos modernos y Godoy hacia los clásicos. Al contrario. El trabajo del de Agaete podría equipararse con el de un contemporáneo como Merce Cunningham, capaz de crear su propia técnica, y también de innovar con dinámicas de azar sobre el escenario. Pero es que, en general, el lugar hacia el que miraban los artistas de la danza canarios durante los 80 era Nueva York. Y así lo dejaba saber Godoy a su vuelta de un viaje a la ciudad, que supuso toda una experiencia para él. 

Tras visitar centros de formación como la escuela de Martha Graham o el Joffrey Ballet, y de asistir a funciones de artistas como Andrew De Groat, Kenneth Rinker y Louise Winkell, el canario volvió a su isla natal convencido de que los contemporáneos en Estados Unidos tenían tanto bagaje que resultaban hasta clásicos. 

Lo que sí ocurrió es que, en ese viaje, germinaron colaboraciones a los dos lados del charco. Primero, con una oportunidad para que el Ballet Contemporáneo de Las Palmas actuara en Nueva York y que, aparentemente, no prosperó por falta de apoyo institucional. Y, por otro lado, a través de su contacto con el artista Leon Felder, que llegó a viajar a Gran Canaria para dar lecciones de danza jazz y contemporáneo en la escuela de Godoy y que, incluso, participó en la creación de un espectáculo.

 

Canarias, escenario de grandes y laboratorio de creación

Pese a que es fácil pensar en Canarias como un territorio ajeno a los grandes circuitos de la danza, la realidad es que Canarias recibió en los 80 a algunas de las figuras claves del momento

Un ejemplo es el paso continuo del Ballet Clásico Nacional (hoy Compañía Nacional de Danza) por los escenarios canarios, que dio la oportunidad al público isleño de ver piezas como El pájaro de fuego de Maurice Bèjart. Es más, la propia compañía llegó a impartir talleres de perfeccionamiento de la técnica a los bailarines locales. 

Asimismo, durante esta década la agrupación nacional llegó a contar con varios intérpretes canarios entre su elenco, como Chano González, José Manuel Armas, Mabel Cabrera, Celeste González o José Francisco Martínez. Este último es hoy un reputado maestro que imparte clases en la Julliard School de Nueva York y colabora como docente invitado en compañías como Les Grands Ballets Canadiens de Montreal, el Boston Ballet, el Alvin Ailey American Dance Theatre, entre muchos otros.

Imagen: archivo personal de Chano González (Ballet Clásico Nacional)

 

También, desde principios de la década se empezó a celebrar en las Islas el Festival de Música y Danza de Primavera. Fue una importantísima apuesta por la cultura que, además de recibir a destacadas orquestas de música, permitió que compañías de vanguardia estadounidenses como Momix Dance y Crowsnest Trio visitaran también islas menores como Lanzarote.Esta influencia desde el exterior fue, además, un aliciente para la irrupción de los nuevos lenguajes. Un jovencísimo Roberto Torres, que hoy es uno de los grandes impulsores de la escena en Canarias y que recientemente recibió el Premio del Círculo de Bellas Artes 2022, decidía entonces centrar su proyecto de vida en la danza desde las butacas del Teatro Guimerá. Concretamente, ocurrió un 11 de enero de 1983, durante la puesta en escena de Flowers, del artista británico Lindsay Kemp. Es más, ya en 1979 el mismo creador había decidido realizar el estreno mundial de su pieza Isadora en la isla de Tenerife.

Imagen: Lindsay Kemp

No obstante, el recuerdo de Torres sobre la danza y la performance de los 80 no estaba en los circuitos oficiales. “Para mí, la creación tenía lugar en espacios alternativos y de una forma muy espontánea”, comenta el bailarín. Según explica, la escena underground y el auge de lo queer tomaban su sitio en aquella época desde en lugares como el Espacio 41 o el popular bar Sketch, ambos en San Cristóbal de La Laguna. 

 

Lo local, una constante sobre los escenarios

Ballet de Las Palmas (Gelu Barbu). Imagen: La Provincia

Pero si hay un elemento común que  mantenían varios artistas de entonces era la puesta en valor de lo local. Es decir, de la identidad canaria, de su historia y de sus tradiciones. Solo Gelu Barbu ya se encargó de poner en escena durante los 80 piezas como Chácaras Blancas, Concierto para un Faycan, Iguaya, Tiempo de Gran Canaria o la versión primigenia del Ballet Guanche Doramas. O, por ejemplo, desde la isla de Fuerteventura, el artista Sergio Perdomo haría lo propio con propuestas como Herbania o Grita Isla.

Por otro lado, Miguel Navarro, de Ballets de Tenerife, empezaría a desarrollar la idea de su singular pieza Cantos Canarios. “Desde su llegada a Tenerife a finales de 1979 y, tras escuchar los Cantos Canarios, Navarro comienza a pensar de qué forma puede plasmar ese sentimiento de la música en movimiento, en danza. Durante años intenta darle forma, pero no es hasta 1997 cuando finalmente consigue la inspiración que buscaba”, indica Ballets de Tenerife.

Estreno de Cantos Canarios (Ballets de Tenerife) en 1997, un ballet ideado desde los años 80. Imagen: cedida por Héctor Navarro, del archivo de Ballets de Tenerife


Danza, periodismo y sociedad en los 80

Es evidente que la danza de los 80 no tenía un impacto tan significativo sobre la sociedad canaria como sí lo tenían otras artes, como la música, el cine o la literatura. Es más, llama la atención que la mayor parte de espacios destinados a las artes escénicas en los periódicos compartieran sitio con la publicación de esquelas. 

Por su parte, los medios tendían a centrarse en temas (y tópicos) que han llegado hasta la actualidad, como la cuestión de la masculinidad en la danza o si, en general, “el canario” era buen bailarín y si estaba a la altura de los intérpretes de la Península y el extranjero. 

También resulta interesante ver cómo las principales cabeceras de la época cultivaban la crítica cultural tras cada función de danza. Incluso cuando estas eran uno de esos híbridos entre festival escolar y actuación de nueva creación que artistas como Trini Borrull o Lorenzo Godoy acostumbraban a presentar desde sus centros formativos. Y esta no es una cuestión que pase desapercibida, porque la crítica es un género que prácticamente ha desaparecido en los medios de las Islas actuales.

Tampoco se quedaba fuera de estas reseñas el público, cuyas preferencias eran cuestionadas continuamente. Sobre todo por la costumbre que tenían los espectadores de agotar las entradas de los teatros cuando llegaban a Canarias compañías internacionales -calificadas por la prensa como mediocres- y de ignorar propuestas locales.

Quizás la razón no era un desprecio por parte de la sociedad hacia el arte de las Islas. Más bien los espectadores estaban ávidos por descubrir qué se habían perdido, culturalmente hablando, a lo largo de las décadas previas. Y, desde luego, la danza de Canarias solo estaba empezando a explorar algunos de los caminos que la harían grande en los años posteriores.

 

Piezas seleccionadas

 

La verbena de la Paloma, de Trini Borrull

Estrenada en el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria el 17 de enero de 1980. Formaba parte de un ambicioso programa creado por el Ballet de Trini Borrull y el Ballet Contemporáneo de Las Palmas, dirigido por Lorenzo Godoy. De hecho, fue él mismo el encargado de llevar a cabo el montaje escenográfico e, incluso, una parte de su elenco se sumó al de Borrull para bailar La verbena de la Paloma, que ocupaba la primera parte de la velada. La propia Borrull llegó a comentar a El Eco de Canarias que los alumnos de Godoy salían “muy airosos, lo que tiene mucho valor al no ser ese su género de danza”. 

Esta versión de la artista afincada en Canarias recoge el espíritu chulesco de la obra original. Aunaba una coreografía renovada con unos decorados de Néstor de La Torre que, originalmente, se prepararon para una zarzuela y que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria decidió prestar a la compañía para la ocasión. Esa misma noche también se presentó la pieza Noches en los Jardines de España, que concibió Manuel de Falla en 1915 y que, según Borrull, se presentaba por primera vez en el país, lo que era, a su parecer, “lamentable, porque es una obra de extraordinario valor musical y muy oportuna dentro de la danza española”.

Compañía: Ballet de Trini Borrull.
Coreografía: adaptación de Trini Borrull.
Música: Tomás Bretón.
Montaje escenográfico: Lorenzo Godoy.
Decorados: Néstor de la Torre.

Intérpretes: Luis R. Girón, María del Carmen Cambreleng, Amparo Betancourt, Esperanza Izquierdo, Marta Bolaños, Loli Quevedo, Manuel Álvarez, Tino Bolaños, Carmen Mateo, María del Carmen Izquierdo, Mrs. Doorly, Patricia Díaz, Beatriz Díaz Casanova, Marta Artiles, Concha Hernández, Dolores García, Inés A. Lamberti, Rosa Toledo, Pino González, Amalia Rodríguez, María Santos, Tere Quevedo, Isabel López, Araceli Barry, Loli Armas, Asunción Pradas, Miguel Vega, Raúl Cárdenes, Paco Vega, Manuel Jiménez, Fernando Rodríguez, Sergio Perdomo, Santiago Breches, Miguel Álvarez, Francisco Hernández, Miguel González, María Teresa Cabrera, Marta R. Girón, Celsa Babón, Cristina Molina, Patricia Gil y Pino Naranjo.

Ballet Guanche Doramas, de Gelu Barbu

Se trata de la primera pieza de gran formato del coreógrafo Gelu Barbu, que hasta su fallecimiento dirigió el Ballet de Las Palmas. Aunque posteriormente se estrenarían nuevas versiones, la original llegó al escenario del Teatro Pérez Galdós a principios de los 80, con música de Kaelo del Río y no exenta de reticencias por parte de los críticos de la época. “El ‘Ballet Canario’, que debe hacerse, en el que debe investigarse y con el que debe salirse a escena, dentro y fuera de las islas, está por hacer”, escribía Antonio Cillero tras ver la función. 
En la pieza, Barbu recurría al lenguaje abstracto y simbólico para crear una especie de danza ritual. Y, al mismo tiempo, presentaba la historia de Doramas -interpretado por Miguel Montañez-, y su amor, la hermana de Maninidra, a quien daba vida la bailarina Aida Lustres.

Miguel Montañez, Gelu Barbu y Aida Lustres en Concierto para un Faycán. Imagen: Gelu Barbu, el ritmo de los sentimientos, de Antonio Pita Cárdenes

 

Se trata de la primera pieza de gran formato del coreógrafo Gelu Barbu, que hasta su fallecimiento dirigió el Ballet de Las Palmas. Aunque posteriormente se estrenarían nuevas versiones, la original llegó al escenario del Teatro Pérez Galdós a principios de los 80, con música de Kaelo del Río y no exenta de reticencias por parte de los críticos de la época. “El ‘Ballet Canario’, que debe hacerse, en el que debe investigarse y con el que debe salirse a escena, dentro y fuera de las islas, está por hacer”, escribía Antonio Cillero tras ver la función. 

En la pieza, Barbu recurría al lenguaje abstracto y simbólico para crear una especie de danza ritual. Y, al mismo tiempo, presentaba la historia de Doramas -interpretado por Miguel Montañez-, y su amor, la hermana de Maninidra, a quien daba vida la bailarina Aida Lustres. 

Compañía: Ballet de Las Palmas.
Coreografía:
Gelu Barbu.
Música:
Kaelo del Río.
Solistas:
Miguel Montañez, Aida Lustres y Tony Britmon.

El amor brujo, de Miguel Navarro

La irrupción de Ballets de Tenerife supuso todo un paso adelante para el desarrollo de la danza académica. Miguel Navarro y Rosalina Ripoll son los responsables de un legado clásico que se ha mantenido hasta nuestros días, tanto por la impronta que han dejado sus piezas como por la amplia cantera de bailarines que se han formado a sus órdenes. 

En los 80, una de las piezas de su repertorio que más éxito generó fue El amor brujo, una adaptación renovada del clásico de Manuel de Falla, ambientada en un barrio gitano de Cádiz de principios del siglo XX. Este estreno supuso toda una declaración de intenciones en cuanto a estándares técnicos y artísticos, sobre todo por el impacto y la buena acogida que tuvo entre la sociedad tinerfeña de entonces. Un debut que también conquistó a la prensa escrita del momento y que dio “el primer empujón a la formación para rápidamente posicionarse como un referente cultural del archipiélago y uno de los conjuntos de danza más importantes a escala nacional”, tal y como afirma la propia compañía.

Imagen: Cedida por Héctor Navarro, del archivo de Ballets de Tenerife.

Compañía: Ballets de Tenerife.
Coreografía: Miguel Navarro.
Música: Manuel de Falla.
Intérpretes: Rosalina Ripoll (Candela), Javier Ganivet (Carmelo), José Luis Hernández (Espectro), Antonia Rodríguez y María Fernández del Castillo (dos amigas), Roberto Escarbajal y Ernesto Ruas (acompañantes de amigas), cuerpo de baile de Ballets de Tenerife.

A Piacere, de Anatol Yanowsky

Cuando Lorenzo Godoy dejó huérfano al Ballet Contemporáneo de Las Palmas, Anatol Yanowsky tomó el relevo de la dirección junto a la bailarina Carmen Robles. Poco después, el director daría forma a la compañía Ballet del Atlántico, que a mediados de la década comenzó a presentar programas completos bajo el patrocinio de la Caja Insular de Ahorros. 

Uno de estos, el que supuso el gran debut de su ballet ante Canarias, tuvo lugar en abril de 1986. La compañía se subió al escenario un total de cuatro piezas, entre las que figuraba A Piacere (o Pasión, como luego se le denominó) que era un homenaje al cineasta, escritor y poeta Pier Paolo Passolini. De hecho, la puesta en escena ubicaba a los intérpretes en el ambiente fresco y jovial de una playa a principios del siglo XX.  

La representación obtuvo grandes elogios, aunque tanto las bailarinas como el músico Blas Sánchez, que creó la música para otra de las piezas de esa noche, se encargaron de enviar escritos al crítico José Luis Gallardo en respuesta a la mala reseña publicada en La Provincia.

Imagen: Canarias7

Compañía: Ballet del Atlántico.
Coreografía: Anatol Yanowsky.
Música: Georg Philipp Teleman

Los Canarios en Jazz, de Lorenzo Godoy y Leon Felder

Fruto de su viaje a Nueva York, Lorenzo Godoy desarrolló buena relación con el coreógrafo Leon Felder. Puede que a muchos no les diga nada su nombre, pero en los 70 y 80 se codeaba con artistas como Steve Paxton, considerado como el pionero del contact improvisation. Pocos meses después del primer contacto, el coreógrafo estadounidense visitaría la sede del Ballet Contemporáneo de Las Palmas y pasaría semanas trabajando con el equipo. 

Aquello tomó forma de coreografía y recibió el nombre de Los Canarios en Jazz, en honor a la estancia de Felder en las Islas. Hasta nueves bailarines canarios participaron en esta coreografía, que utilizaba elementos de la danza contemporánea y que se construyó, en Las Palmas de Gran Canaria, como una recreación de un trabajo pensado para la Leon Felder Dance Company.

Imagen: El Eco de Canarias

Compañía: Ballet Contemporáneo de Las Palmas.
Coreografía: Leon Felder y Lorenzo Godoy. 
Solista: José Orihuela.
Música: The Who.
Colabora: Casa-Museo de Colón y Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria.

Grita Isla, de Sergio Perdomo

Formado con Gelu Barbu, en Gran Canaria, el bailarín Sergio Perdomo tomó en su momento la decisión de crear una escuela y compañía en la isla de Fuerteventura. Cuenta él mismo que muchos lo tildaron de haber perdido la cabeza, “pero lo tenía que intentar”, explica. A sus 74 años, Perdomo es hoy una de las figuras más queridas de la isla y, muestra de ello, es la escultura de su busto que ostenta ahora la Plaza del Palacio de Formación y Congresos de Puerto del Rosario.

Sus creaciones, fundamentalmente contemporáneas, servían en muchas ocasiones como crítica a “la opresión del pueblo majorero, según afirma. Una postura que mantiene en su pieza Grita Isla, donde los bailarines se presentaban atados con cuerdas y un yugo y, completamente en silencio, alzaban la voz con el lema “Isla despierta. Isla lucha. Isla vencerá”. El colofón lo ponía la música de Guillermo Martínez, en cuya composición incluía sonidos de timples, conchas de lapas y otros elementos experimentales, que evidenciaban la orientación vanguardista que mantenían Perdomo y su agrupación desde Fuerteventura.

Imagen: archivo personal de Sergio Perdomo

Compañía: Ballet Contemporáneo de Fuerteventura:
Coreografía: Sergio Perdomo.
Música: Guillermo Martínez.
Intérpretes: Pedro Simón Pérez, Sergio Perdomo, Elena Cabrera, Ione Rodríguez, Lidia Padilla, Macame Gil, Karint Cabrera, Katiuska Medina, Elena Miranda, Alexia Cabrera, Clara Felipe, Graciela Castañera, Silvia Castañera, Mariola Domínguez y Dunia Socorro.

En busca (o de la libertad del sentimiento), de Menchu Vargas

El trabajo de Contradanza es uno de los que más se asemeja al de las formaciones contemporáneas actuales. Lo creó la bailarina Menchu Vargas, ex componente del Ballet Contemporáneo de Las Palmas, junto a nueve jóvenes bailarinas. Su objetivo era el estudio de las técnicas de expresión corporal con una orientación más cercana a los códigos de la danza-teatro

En busca (o de la libertad del sentimiento) es una pieza que sigue “la línea investigadora de las compañías de vanguardia, con gestos y movimientos muy estilizados”, como apuntaba la publicación Canarias7. Este trabajo corrió la suerte de ser galardonado en el certamen regional de Teatro Contemporáneo para jóvenes intérpretes, organizado por el Gobierno de Canarias en Tenerife. De hecho, la compañía llegó a obtener un premio de 200.000 pesetas por su participación y, más adelante, se dejó ver en el Encuentro Nacional de Teatro Contemporáneo, celebrado en la ciudad de Mérida.

Imagen: Ciudad de Canaria

Compañía: Contradanza.
Coreografía: Menchu Vargas. 
Música: Jean Michel Jarre, Vangelis, Antonio Vivaldi y otros.
Intérpretes: Ángela Santana, Mary Luz García, Loly Giménez, Ana María Alonso, Paloma Hernández, Lidia Santana, Ángeles Ojeda, Beatriz Vargas y Menchu Vargas.

Mararía, de Hortensia García Trujillo

Hortensia García Trujillo impartió clases de Danza Contemporánea desde el año 1975, tanto en San Cristóbal de La Laguna como en Santa Cruz de Tenerife. En algunas publicaciones de la época solía explicar que lo suyo era la técnica Duncan, haciendo referencia a la famosa pionera de la danza moderna, Isadora Duncan. “Lo único que trato es que se comprenda de una vez por todas que la danza es un lenguaje vivo”, advertía a finales de los 80 en el Diario de Avisos.  


Varias son las publicaciones que destacaron en su momento la trayectoria de Hortensia García Trujillo, sobre todo con motivo de su participación en el programa de Radio Televisión Española en Canarias (RTVE) ‘Canarias Viva’. Fue uno de los espacios donde presentó Mararía, la adaptación bailada de la novela de Rafael Arozarena, ambientada en un pueblo de Lanzarote.

 


Coreografía:
Hortensia García Trujillo.
Música: Ludwig van Beethoven.
Solista: Hortensia García Trujillo.

¡Aúpa!, de Mónica Valenciano

Mónica Valenciano es una de las grandes artífices de la danza de Canarias. El Premio Nacional de Danza a la Creación que obtuvo en 2012 da buena fe de ello. Si bien su período más fructífero tuvo lugar en la década de los 90, los años 80 fueron testigos de su primera creación, ¡Aúpa!, desarrollada durante un proceso de investigación en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. 

Tras esta creación, se incorporaron a su repertorio otros trabajos destacados, como Puntos Suspensivos (1991), que se llegó a representar en diferentes países. Sobre esta pieza, el medio estadounidense The Berkshire Eagle llegó a escribir, tras su actuación en el Festival Jacob’s Pillow de Massachusetts, que la pieza presentaba a la coreógrafa “como un pillo coqueteando con los bordes del espacio, el público y su propia sensualidad”.

Imagen: archivo personal de Mónica Valenciano

El Extranjero, de Lorenzo Godoy

El Extranjero fue el proyecto inacabado de Lorenzo Godoy. La acción se ubicaba en una discoteca a la que llegaba un extranjero que se dejaba cautivar por diferentes situaciones y personajes. Se conoce como el ballet que no llegó a realizarse, aunque el círculo del bailarín realizó esfuerzos por reponer la pieza durante los diferentes homenajes que se sucedieron en los años posteriores a su muerte.

Fernando Álamo y Lorenzo Godoy. Imagen: La Provincia


Compañía:
Ballet Contemporáneo de Las Palmas.
Coreografía: Leon Felder y Lorenzo Godoy. 
Agradecimientos: Chano González, Héctor Navarro, Sergio Perdomo, Roberto Torres, Mónica Valenciano y equipo de la Biblioteca Pública del Estado en Santa Cruz de Tenerife.

Queremos tu opinión

¿Crees que falta una obra? ¿No estás de acuerdo con la selección? ¿Tienes algo que aportar? ¿Quieres enviarnos tu propia lista?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.