POESÍA

Década de los 70

Almas de piedra

Pilar Lojendio

El ómnibus pintado con cerezas

Rafael Arozarena

Ritmos alucinantes

José María Millares Sall

Configurado tiempo

Ana María Fagundo

El invernadero

Félix Francisco Casanova

Logística del tapir

Ángel Sánchez

Cuello de botella

Félix Casanova de Ayala y Félix Francisco Casanova

Comedia

Eugenio Padorno

De una fiesta oscura

Arturo Maccanti

Clima

Andrés Sánchez Robayna

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La Poesía canaria en los años 70: Apertura de nuevos horizontes

El período comprendido entre 1970 y 1979 supuso una serie de cambios profundos en todos los órdenes en España: políticos, económicos, sociales y culturales. La década queda dividida por la muerte del dictador Francisco Franco el 20 de noviembre de 1975. Así pues, en la primera parte de la década se vivió el estertor último de la dictadura, con las tensiones internas derivadas de los posicionamientos que las distintas facciones del franquismo tomaron ante la perspectiva de la futura muerte del dictador; asimismo, las fuerzas de oposición democrática  ganaron fuerza con los años y se aglutinaron en sucesivas plataformas que reclamaron los derechos fundamentales que se materializaron luego en la Constitución de 1978. Con todo, la llegada del sistema democrático fue un proceso de tremenda complejidad que, aunque remodeló las bases mismas del Estado, no aplacó la conflictividad social, que se canalizó hacia una creciente marea de movilizaciones al final de la década. No hay que olvidar que también es a partir de esta época cuando la crueldad del terrorismo de ETA se hizo sentir con especial virulencia.


Los aires de cambio y libertad se dejaron sentir en la poesía. En efecto, la década que va de 1970 a 1979 conoció la eclosión de nuevas vías expresivas que se enfrentaron a las propuestas de corte realista que venían dominando el panorama poético en España desde finales de la Guerra Civil; con todo, los proyectos escriturales que manifestaron la asunción de un mayor riesgo se encontraron con dificultades para entrar en consideración por parte de la crítica, los medios de comunicación y formar parte de las antologías que servirían como estrategias para definir el canon.


Ciñéndonos ya al contexto de la poesía canaria de la época, lo primero que hay que resaltar es que en estos años se publicaron obras de poetas pertenecientes a distintas generaciones y que sondeaban dentro distintos cauces estéticos. Convivieron poetas nacidos desde principios de siglo hasta la promoción más joven que se dio a conocer entonces, la de los nacidos en los años 50.


Uno de los hechos fundamentales de la década fue un importante movimiento de recuperación de la literatura canaria, especialmente de la creación vanguardista, que alcanzaría su apogeo en la década siguiente. El primer punto de ese movimiento, en cuanto a la obra de los poetas de vanguardia, se había producido en 1952 con la publicación de la Antología de la poesía canaria I de Domingo Pérez Minik. Otros hitos de este proceso de recuperación, ya en los 70, fueron las siguientes publicaciones: Transparencias fugadas de Pedro García Cabrera en 1970 (Inventarios provisionales); Surrealism and Spain de Brian Morris en 1972;  Crimen, Lancelot 28º-7º y Media hora jugando a los dados de Agustín Espinosa que ven la luz conjuntamente en 1974 (Taller de Ediciones JB); Facción española surrealista de Tenerife de Pérez Minik en 1975; edición facsimilar de la revista La Rosa de los Vientos en 1977; y la Historia de la literatura canaria de Joaquín Artiles e Ignacio Quintana en 1978, que dedicaron sendos capítulos a los poetas de la generación del 27 y la poesía de vanguardia, respectivamente.


Esta recuperación de las obras de los poetas vinculados a la vanguardia insular influyó notablemente en los más jóvenes poetas del momento, que  prolongaron las búsquedas e indagaciones por nuevas vías. He de advertir que, desde esta óptica histórica, y aunque he pretendido que entre los diez títulos estuvieran representadas obras pertenecientes a los distintos grupos antes mencionados, se ha privilegiado las escrituras más originales e innovadoras, las que  bucearon en una indagación verbal y acompasaron la hora creativa con ese espíritu de apertura vanguardista cercenado por la Guerra. En este sentido, hay que destacar cómo algunas de estas obras acusan un acento surrealizante


Almas de piedra (1970), Pilar Lojendio

Con almas de piedra (publicado en 1970) Pilar Lojendio (1931-1989) obtuvo el Premio de Poesía Julio Tovar. Lojendio habla del llanto, la risa, los recuerdos, la soledad, el amor, el dolor y la muerte, a través de un gran simbolismo y en donde la yuxtaposición de metáforas e imágenes crean atmósferas proclives a acercarnos a un estado de sensación primigenia. Especial interés cobra el diálogo entre el yo y el tú, que llegan a entremezclarse y fundirse a lo largo de la obra, y el posicionamiento frente al lenguaje. Domingo Pérez Minik llegó a hablar de «exigente espíritu de subversión» y de «osadía y voluntad de ruptura».



El ómnibus pintado con cerezas (1971), Rafael Arozarena

Tras rendir tributo a tendencias realistas en su poesía de los años 40 y 50, en la obra de Rafael Arozarena (1923-2009) se produce un período de decantación y maduración que lo internó por los vericuetos del irracionalismo. En declaraciones a Roberto García de Mesa, recogidas en el volumen Conversaciones con Rafael Arozarena, el propio autor afirmó que «Con El ómnibus pintado con cerezas empecé a identificar mi estilo». Así, pues, El ómnibus pintado con cerezas marcó un punto de inflexión en la trayectoria de Arozarena, cuya poesía, a partir de entonces, quedó signada por un toque surrealizante; los poemas se llenan de visiones alucinadas: «Así de entre las nubes salen peces / verdes caballos con guirnaldas de flores / y santos que señalan el sitio de cada estrella».




Ritmos alucinantes (1974), José María Millares Sall

Hoy podemos comprobar que la obra de José María Millares (1929-2009) fue abundante; sin embargo, sufrió períodos de silencio que acaso no permitieron valorar en su justa medida sus aportaciones. Si bien se le encuadró en sus inicios en la corriente próxima a la poesía social por su aparición en Antología cercada, la obra de José María Millares rebasa con creces aquella horma estética. De hecho, su obra puede dividirse entre la parte que bebe de fuentes vanguardistas (ya sea por la vía surrealizante como en su celebrado Liverpool, y también del poemario del que nos ocupamos, Ritmos alucinantes, ya sea por la vía del neogongorismo de Ronda de luces), la que es más cercana a una cierta esencialidad o poesía pura, y la de compromiso social. Ritmos alucinantes es un poemario oscuro que habla de la desesperación, del vacío, del temor y el miedo, en donde hay denuncia del hambre, del chivatazo y de la avaricia. Visiones de espanto, imágenes y metáforas tremebundas, de desolación, como si el sujeto hubiera de hacer frente a un destino terrible y su día a día fuese moverse entre escombros y podredumbre. Hay denuncia social pero elaborada con un lenguaje abrasador.




Configurado tiempo (1974), Ana María Fagundo

Ana María Fagundo (1938-2010) pasó la mayor parte de su vida fuera de las islas, primero por razones de estudio y luego profesionales, aunque nunca perdió el contacto. Esta distancia marcó considerablemente su obra de tal modo que el signo isla se convirtió en uno de los vértices que aparece constantemente en su producción. Los otros dos vértices que configuran el triángulo poético de su obra son el tiempo y la palabra. En la década de los 70 publica los poemarios Diario de una muerte (1970), Configurado tiempo (1974) e Invención de la luz (1978). Seleccionamos Configurado tiempo, en donde la meditación sobre el tiempo se vuelve hecho central, sin que abandone los otros ejes fundamentales de su poética. A menudo, parte de situaciones concretas que trasciende y resuelve en el poema de tal modo que evocación lírica y reflexión se hermanan.




El invernadero (1974), Félix Francisco Casanova

Con El invernadero, publicado en 1974 por Ediciones Nuestro Arte, el joven Félix Francisco Casanova (1956-1976) se hizo con el Premio de Poesía Julio Tovar. Si algo llamó la atención entonces fue que tan joven poeta fuera dueño de una voz tan poderosa. En efecto, cabe destacar cómo la imaginación se enseñorea y deja traslucir un desparpajo insólito frente al lenguaje. Un libro poblado por una vegetación verbal barroca y, al mismo tiempo, precisa: se me antoja jardín exótico, lleno de seres fabulosos; amplitud de mar bravío y profundidad de bosque encantado. En palabras de Sebastián de la Nuez: «destaca la riqueza de su lenguaje, con el que se muestra una extraña visión del mundo en imágenes que extrae del subconsciente, elaboradas desde una vigilante conciencia».




Logística del tapir (1976), Ángel Sánchez

Ángel Sánchez (1943) ha sido un creador proteico, afanado en la búsqueda incansable de nuevos lenguajes. En la década de los 70 publicó varias obras y si bien todas ellas pueden agruparse bajo el común denominador de una escritura indagatoria, refractaria a cualquier forma de convencionalismo, cada una avanzaba en distintas direcciones. Es por ello difícil seleccionar una sola. Si me decanto por Logística del tapir (1976) es por por incluir entre las diez obras seleccionadas una que pertenezca al ámbito de la poesía visual, campo en el que Ángel Sánchez ha ahondado con denodado afán a lo largo de toda su trayectoria escritural, caracterizada por su ansia de experimentación, apertura de nuevas vías y la hibridación. La premisa de partida que da lugar a estos «textos» es la siguiente: «Un gran tapir atraviesa a nado un río en el interior de América del Sur. En un momento determinado de la mañana cruza también el cielo un reactor de la Panair-do-Brazil que proyecta su sombra sobre el río. La sombra del avión coincide un instante con el trayecto del animal». Los poemas surgen a partir de esta situación inicial y juegan con el blanco y el negro, proyecciones o sombras, huellas digitales, letras y figuras geométricas.




Cuello de botella (1976), Félix Casanova de Ayala y Félix Francisco Casanova

Si bien ya he aludido al poemario El invernadero, de Félix Francisco Casanova, no quería dejar fuera de la selección al poeta Félix Casanova de Ayala (1915-1990), su padre, que en esta década publica títulos como Crucero de verano (1971), El visitante (1975) o Cancionero del mitin (1977); ninguno de ellos, me parece, alcanza el nivel de este curioso libro, Cuello de botella, escrito a dúo con su hijo Félix Francisco. Tras la muerte de Félix Francisco, su padre se encargó de compilar su obra y publicarla, incluso llegando a la intervención. Quedan recogidos en este volumen tanto poemas breves como otros más largos en los que se aligera el barroquismo presente en El invernadero, al tiempo que se incorporan coloquialismos y referencias pop.




Comedia (1977), Eugenio Padorno

Eugenio Padorno (1943) coincidió con los integrantes de Poesía Canaria Última; sin embargo, su itinerario ha quedado singularizado por una indagación de extremado rigor, una entrega vital y meditativa al hecho poético que ha dado como frutos una de las obras más altas de todo el ámbito hispánico. Poeta riguroso y de severa autocrítica escribió de él Sebastián de la Nuez. En 1977 publicó Comedia, conjunto de poemas de suma concentración expresiva que, sin embargo, derraman un plus de sentido. Están muy presentes el mar y elementos del paisaje costero en los que el poeta sabe leer los signos subyacentes y nos brinda, a través de una palabra de gran tensión, el hallazgo. Palabra solar, ceñida o influida por una mirada concreta; palabra que es ardor y pensamiento exacto.




De una fiesta oscura (1977), Arturo Maccanti

La poesía de Arturo Maccanti (1934-2014) es de raigambre existencial. Sitúa al ser en guerra constante contra el tiempo. La conciencia de este fluir incesante que desgasta al ser y lo acerca hacia la muerte tiene un componente trágico desde que se asume la transitoriedad de la existencia. Pero, por ello mismo, si bien su poesía está transida por este dolorido sentir de la pérdida y la certidumbre de lo fugaz, late en su obra una pulsión de vida marcada por la intensidad del sentimiento que alienta su poética. El poeta percibe la belleza del mundo y de los seres y precisamente porque es tan sensible a esa belleza, es por lo que lamenta su pérdida, su corrupción, su muerte. Hay un elemento biográfico que se filtra en los poemas de Maccanti: el dolor por la muerte de su hijo. Memorable el poema «Columpio solo» que le dedica; en él se dirige hacia ese columpio que vio al pequeño mecerse otrora. Gran intensidad y lirismo consigue Maccanti en los poemas en prosa contenidos en De una fiesta oscura.




Clima (1978), Andrés Sánchez Robayna

La crítica ha dividido la obra poética de Andrés Sánchez Robayna (1952) en tres períodos marcados por ciertas variaciones formales. En los años 70 el poeta da a imprenta sus primeros títulos, marcados por una indagación material del signo. Según Miguel Martinón: «En los poemas de los primeros libros se planteaba una suspensión del afuera extralingüístico, a través de una sostenida, consciente autoalusividad del poema». La de Sánchez Robayna es una poética de corte meditativo que tiende puentes entre la creación y el pensamiento. Esto se verifica en su obra tanto poética como ensayística de una manera notable en cuanto a la convergencia en idénticas preocupaciones.  En los poemas de Clima observamos la destilación de una práctica poética que se vertebra en torno a la contemplación de los signos del libro-mundo, pero esos signos coinciden con los de una concreta ubicación espacial: los elementos que conforman el cuerpo de la isla. El paisaje insular como lugar de advenimiento o revelación.


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2 comentarios

    1. ¡Muchas gracias, Iván! Fue un trabajo que disfruté bastante al permitirme releer determinados poemarios que me marcaron, y acceder a otros que no había leído aún. De hecho, espero algún día sacar el texto final del que se extractó este resumen, en el que analizo con mayor detenimiento todos los libros que localicé que se habían publicado en esta década. Y gracias también por tomarte la molestia de leer cada apartado de este proyecto y apuntar variaciones. Son necesarios la discusión y el diálogo, la confrontación de ideas. Eso ayuda a revitalizar la noción de crítica en la cultura, de la que estamos tan huérfanos. Saludos.

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