FOTOGRAFÍA​

Década de los 70

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La década de los 70: Transiciones culturales de la fotografía

Lista de Paula Fuentes y Jairo M. Ramos

Francisco Rojas Fariña

Ángel Luis de la Cruz

Eduardo Westerdahl

Jaime O ́Shanahan Bravo

José Norberto Rodríguez Díaz

Carlos A. Schwartz

Gabriel Fernández Martín

Imeldo Marcos Bello Baeza

Trino Garriga

Poldo Cebrián

El comienzo de los años 70 supone la ruptura paulatina del modo de organizarse, relacionarse y agruparse las personas de la fotografía en Canarias. Se pasa de los vinculos en las Agrupaciones Fotográficas a un carácter más libre e individual fuera de ciertas normas y críticas que éstas soslayadamente imponían. Paralelamente empiezan a crearse concursos fotográficos de índole institucional o de empresas privadas (aunque de poca relevancia en un primer momento) germen de lo que sería después eventos de trascendencia como las muestras colectivas y exposiciones individuales. Como en cualquier otro ámbito de la vida en esos momentos, el fin del franquismo se
hacía cada vez más palpable y las libertades y nuevas costumbres se iban consolidando.
Esta clasificación que en un momento pretendió ser igualitaria se quedó sin serlo por varios motivos aunque el principal fue que a la hora de la búsqueda de documentación se encontraban fotógrafas pero solo eran nombradas y no había ningún soporte de imágenes con lo que la redacción de dicha profesional se hacía imposible.
Resaltar igualmente que la información recogida en todo el artículo no hubiese sido posible sin las bibliotecas públicas principalmente gracias al Fondo de Canarias de la Biblioteca General y de Humanidades de la Universidad de La Laguna en especial a todo su equipo por la profesionalidad y cordialidad expresada en todo momento.
Hemos querido no solo centrarnos en la fotografía como objeto de exposición sino reivindicar otras vertientes, expresiones, formas y formatos que albergan del mismo modo este arte.

Francisco Rojas Fariña (Tenerife. 1926) – BMW. Premio Mundial BMW y Zeiss Grado Angular, celebrado en Stuttgart (Alemania), 1971.

La familia de Francisco Rojas se traslada en 1930 a Gran Canaria y allí permanecerá toda su vida.
Fachico, apelativo que siempre irá unido a él de forma afectuosa, se inicia en la fotografía a finales de los años 50 del siglo XX y desde los sesenta en adelante será un torbellino de creación artistística y profesional tanto como forma de experimentación, como toma de instantáneas de su vida y la de su círculo de amistades, Manrique, Dámaso, Millares, su esposa Luisa Hernández… que conforman un grupo artístico y cultural muy activo en la isla. Deja un archivo de unas 249.000 imágenes sobre arquitectura, paisajes, publicidad, fotoperiodismo y un interminable etcétera.
En esta década cabe destacar la proyección de su audiovisual Lanzarote en Madrid, EE.UU. y Canadá, la promoción de las Islas Canarias en diferentes capitales españolas, (de la mano de Protucasa), la exposición Náutica en Kiel (Alemania) El Hombre y el Mar, el primer premio en el III Concurso Nacional Fotográfico de Vela (Club Náutico Ciudadela, Menorca) y el primer reportaje en La Vanguardia sobre la erupción del Teneguía.
Entiende la fotografía como un canal de comunicación funcional para plasmar sus pensamientos ya sea como entretenimiento, arte u oficio. Lo importante es que la imagen para que sea buena cumpla dos máximas interrelacionadas: el motivo y el fin (entendiendo que la fotografía no puede aislarse de su contexto además de sus características técnicas).
En 1971 su fotografía recibe el Primer Premio Mundial BMW elegida entre unas 5000 obras presentadas por más de mil fotógrafos.

 

Ángel Luis de la Cruz (Tenerife, 1952) – Fotografía de portada del libro: Señales del vacío
(1978) editado por el Excmo. Cabildo Insular de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife.

Ángel Luis de la Cruz a día de hoy es más conocido por ser el co-fundador en 1979 (junto a Lele H.
Colomer) de la Galería Leyendecker por la que pasan y han pasado grandes figuras internacionales en el campo del arte contemporáneo. Pero antes de convertirse en un referente galerista comienza su vinculación con el arte a través de la pintura a finales de los sesenta, sin embargo la abandona un par de años después para trascender paulatinamente de la fotografía generalista a la social. Así nace este libro (apoyándose en los textos de los poetas Carlos E. Pinto, Pepe Rivero y Zaya) que tiene como hilo conductor la violencia. En él se recogen las malas condiciones que se respira en la tediosa rutina del Hospital Psiquiátrico de Santa Cruz de Tenerife. El autor capta en cada una de las imágenes la atmósfera cruda y sin artificios del día a día, la áspera cotidianidad de vivir en los
límites de la sociedad.
Sin duda alguna, la edición y publicación se debe en gran medida al apoyo que tuvo por parte del Dr. Carlos Pinto Grote (psiquiatra del centro y progenitor de uno de los poetas). Nada más salir a la luz, en un primer momento, es retirado de la venta directa al público (se podía solicitar por catálogo al Cabildo) y luego suprimido totalmente arguyendo el no consentimiento de los derechos de imágenes de las personas retratadas aunque subrepticiamente el motivo fue la mala imagen del centro y su gestión en aquellos momentos.

*Foto original de A. Delgado extraida del libro: Carreño Corbella, Pilar (2002). Eduardo Westerdahl, suma de la existencia. Pág. 185. Editorial Instituto Óscar Domínguez de Arte y Cultura Contemporánea.

Eduardo Westerdahl (Tenerife, 1902) – Sin título. Fotocollage montado sobre caja de whisky
(35×31 cm), colección particular, Madrid, 1975-1977*

Westerdhal más conocido por sus facetas de pintor, crítico de arte, escritor o poeta también tomó como suya el arte de la fotografía. Se conservan unos 5000 negativos y varios cientos de copias de instantáneas. Vocación que comienza en los años veinte y que más allá de una técnica precisa se centrará en mostrar su intimidad, su familia, sus amistades y proyectos que van surgiendo a lo largo de los años: a modo de cuaderno de bitácora gráfico. El retrato es uno de los enfoques que más busca usando para ello, la mayoría de las veces, una fuente de luz natural donde se intuye un clima distendido y de confianza. También se interesa por los paisajes urbanos, monumentos y los lugares
de trabajo de los artistas que fotografiaba. Para Westerdhal, la fotografía, además de documentar su vida, es a la par un juego estético y para ello experimenta con descentramientos, picados, contrapicados, fotomontajes, etc.
Por estos motivos, este peculiar collage sirve como ejemplo y resumen (quizás demasiado escueto) de los retratos que hizo en su vida de artistas e intelectuales de su círculo más cercano: Domínguez, Russel, Bretón, Picasso…

Jaime O ́Shanahan Bravo de Laguna (Gran Canaria, 1921) – Vertedero en paraje rural.
Fotografía de 9×12 cm perteneciente a una serie de 5 fotografías, 1971*

Enamorado y comprometido con la naturaleza desde su infancia, O ́Shanahan estudia Perito Agrícola en la Escuela Politécnica de La Laguna. La fotografía será para él el complemento indispensable para documentar la evolución y toma de datos de su trabajo a la vez que le sirve como herramienta para denunciar las injusticias que se hacen contra el medio ambiente.
En la década de los cuarenta adquiere gran experiencia y conocimientos en su campo y se afianza como profesor de la Granja Agrícola Experimental del Cabildo Insular de Gran Canaria y como colaborador en la reforestación de su isla. En la siguiente década se vuelca por completo en gestar el Jardín Canario Viera y Clavijo (junto a D. Enrique Sventenius).
En 1970 crea el primer grupo ecologista de Canarias, la Asociación Canaria para la defensa de la Naturaleza (ASCAN) que lo impulsará en los años siguientes a ser un gran activista en la defensa de la vegetación canaria y un gran divulgador de la misma. En esta década, como muestra la instantánea escogida, aumenta su producción fotográfica recogiendo el impacto que sufren los ecosistemas canarios, la urbanización desmedida y las malas praxis en el mantenimiento de la flora canaria. Su archivo fotográfico con más de 34.000 imágenes lo dona en 2004 a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

 

*Fotografía extraida del folleto de mano de la exposición inaugurada el 18 de noviembre de 1972 a las 19:30 h con
prólogo de Gilberto Alemán.

José Norberto Rodríguez Díaz (Tenerife, 1943) – Zenón. Exposición, sala de Arte y Cultura de
la Caja General de Ahorros de Santa Cruz de Tenerife, 1972.*

José Norberto Rodríguez Díaz más conocido como Zenón al igual que su padre del cual hereda su profesión, pasión y estudio en la Calle La Carrera en La Laguna, comienza su andadura artística en esta disciplina en la década anterior mediante exposiciones individuales y colectivas como en el Círculo de Bellas Artes o el Ateneo de La Laguna. A lo largo de su carrera obtiene diversos premios como en el Concurso Nacional de Madrid y un segundo dado por la Agrupación Fotográfica de Cataluña entre otros. En 1977 se le suma la publicación del libro “Arquitectura tradicional de Tenerife” (junto a Julio Fajardo Sánchez) donde recoge con su cámara los diferentes elementos característicos de edificios, casas y monumentos de la isla de Tenerife. Así mismo, es reconocido por ser un cronista visual habitual de su entorno y contexto.
En esta exposición Zenón salta de su oficio del día a día a la experimentación de la fotografía que transforma en arte. No se trata de plasmar la realidad sino de jugar con ella: entretejer imágenes moviéndose entre lo onírico y la vida objetiva con juegos de luces y sombras a modo de pinceladas para crear composiciones con reflejos evocadores de fantasía.



Carlos A. Schwartz (Tenerife, 1942) – Lola de su libro Retratos del tiempo (2004), Tenerife,
1978. 

Concluye sus estudios en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona en 1968.
Fotógrafo, arquitecto, artista de instalaciones y visual, Carlos A. Schwartz, siempre con su cámara a cuestas, toma a lo largo de su trayectoria una infinidad de instantáneas de su entorno, familia y amistades. En esta década es cuando comienza con exposiciones tanto individuales como colectivas como Madre naturaleza (en la Universidad Laboral de La Laguna, 1976 y en La PhotoGalería en Madrid, 1978), Garachico (Convento de San Francisco, 1977), el premio Architect ́s Journal Photographic Competition (1977) además de varias fotografías publicadas en El País de conocidos personajes públicos como Henry Moore, Roland Penrose y Carlos Cruz-Díez.
Schwartz a la hora de abordar sus retratos tiene muy en cuenta la luz en cada una de sus tomas y juega con ella (o su ausencia) para crear un diálogo constante entre espectador, obra y su visión. Lo esencial es atisbar la esencia de la persona que se ponde delante de la cámara.
Cobra importancia no solo lo que muestra sino lo que no, a modo de contraluces o ausencias donde el silencio toma la palabra para expresar e invitar a la reflexión.

Gabriel Fernández Martín (Lanzarote, 1920) – Portada del libro: Lanzarote en color (1973),
editorial Everest, León

Comienza su andadura fotográfica en los años 50 consolidándose a finales de ésta con una exposición en Madrid (1959) en la sala Neblí apoyada y comisariada por César Manrique. Estará muy vinculado a la cultura canaria tanto de espectador como de protagonista. En toda su carrera va captando el desarrollismo de su isla a la par que crea gran parte de la imagen turística de Lanzarote.
Colabora puntualmente como fotoperiodista para diferentes rotativos insulares y nacionales además de atender sus diversos establecimientos fotográficos.
En las décadas de los 60 y 70 participa activamente en los programas de las Fiestas de San Ginés(editadas por el Ayuntamiento de Arrecife) declaradas de interés turístico desde 1965. Se convertirá en uno de los fotógrafos principales y sus instantáneas serán acompañadas de textos y poemas de diferentes artistas canarios del momento. Igualmente creará almanaques, diapositivas y postales de carácter souvenir a la vez que se dedica a la confección de varias guías turísticas que tienen como punto central la fotografía como la de 1973 de la editorial Everest que gozó de varias ediciones.
En la portada se muestra los paseos en camello por Timanfaya y en la contraportada La Geria. Fue coordinada por Emilio Marcos Vallaure y estaba formada por 64 imágenes en color tanto de Gabriel Fernández como de J. Ciganovic donde se muestra la grandeza y singularidades del paisaje y sus gentes.

 

*Información extraída principalmente de la revista Rincones del Atlántico (no 3) del artículo Imeldo Baeza.
El fotógrafo
montañero escrito por Dory Tamajón.

 

Imeldo Marcos Bello Baeza (Tenerife, 1916) – Josefa, santiguadora de Masca. Años 70

Nace en el Puerto de la Cruz inmerso en un ambiente familiar de gran inquietud artistica. Su padre fallece en su primera juventud por lo que su madre Ramona le enseña las primeras nociones con la cámara (que aprende de su padre, Marcos Baeza Carrillo, fotógrafo y pintor) con la que comienza sus primeros trabajos. Baeza se caracterizará a lo largo de su carrera por la calidad de su fotografía tanto a nivel artístico como a nivel material por el concienzudo trabajo que ejecutaba a la hora del revelado y sus distintos procesos de lavado (proclive al blanco y negro, más que al color).
Su gran influencia fue sin duda alguna Adalberto Benítez y su inspiración la naturaleza de las islas y el Puerto de la Cruz (llegando a ser concejal de jardines y barrancos). Usó sus imagenes para denunciar las calamidades que se estaban pertrechando en su pueblo a raíz del supuesto desarrollismo ligado al turismo además de ser corresponsal gráfico de El Día y La Tarde.
En sus escapadas a la montaña no solo captaba la esencia del paisaje sino también, como es el caso de este retrato, las gentes que habitaban esos lugares con la delicadeza y respeto que le caracterizaban.

Trino Garriga (Tenerife, 1929) – Maquillándose. Primer premio en el concurso Cáritas de
Venezuela, 1972

Pasión fotográfica legada por su padre y que le servirá desde muy joven para ganarse la vida colaborando en El Día y La Tarde. En 1957 por avatares del destino emigra a Venezuela y trabajará para los periódicos Últimas Noticias y El Mundo, cubriendo los acontecimientos del Palacio de Miraflores y los del Presidente de la República. Paulatinamente se irá especializando en fotoperiodismo deportivo por lo que recibirá varios premios: en los años 1963, 1965, 1970 y 1974 gana el Premio Nacional de Fotografía Deportiva (Instituto Nacional de Deportes de Venezuela) y en 1972 y 1974 obtiene los premios nacionales de fotografía del Instituto Nacional de Hipódromos, entre otros muchísimos galardones a lo largo de toda su trayectoria. En 1987 regresa a Tenerife donde continuará con su profesión además de exponer tanto colectiva como individualmente y publicar en 1997 su libro Entre dos orillas.
Trino Garriga destaca por su fotografía documental de lo cotidiano como en esta instantánea, usando para ello el blanco y negro con gran espesor de grano y contrastes marcados, apenas sin matices, con una mirada sensible que busca en su encuadre la espontaneidad y naturalidad del día a día.

 

*Extraida del libro: Cebrián, Poldo (2003). Poldo Cebrián, poéticas de una pasión. Pág. 25. Editado por motivo de la
exposición en el Centro de Arte La Recova comisariada por Francisco González.


Poldo Cebrián (La Palma, 1948) – La ventana, Print Color, tríptico, 50×80 cm (x3), 1977.*

Desde muy pequeño se empapa de la magia y el oficio de la fotografía por “culpa” de su padre que deja el funcionariado para dedicarse plenamente a ella. Por este motivo cuando tiene doce años su familia decide trasladrase a Tenerife para seguir creciendo profesionalmente, hecho que conllevará una ruptura con la seguridad de su entorno que le marcará para el futuro.
Una vez terminado sus estudios con grandes esfuerzos, a principios de los setenta parte a vivir a Londres, experiencia que durará unos dos años y medio y que conformará un punto de inflexión para su personalidad y formación. En 1973 regresa a la isla y empieza su andadura como fotógrafo profesional, artístico y su vinculación con la Sala Conca. En esta década viajará por la Península y Europa y tendrá sus primeras exposiciones tanto colectivas como individuales.
Este tríptico emana, como prácticamente toda su obra, un misticismo no religioso que trasmite serenidad y apacibilidad a la vez que reflexión subjetiva de la mirada de quien contempla la obra y a la vez del sujeto delineado dentro de ella. Un vitalismo expresado en el viento, hilo conductor entre el mundo exterior del cielo azul y el mundo interior de contrastes y sombras más espiritual.

 

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